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Saturnino Calleja Fernández en AlbaLearning

Saturnino Calleja Fernández

"Historia de Antoñito o un niño modelo"

Biografía de Saturnino Calleja Fernández en Wikipedia

 
 
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Música: Dvorak - Piano Trio No. 2 in G minor, Op. 26 (B.56) - 3: Scherzo: Presto
 

Historia de Antoñito o un niño modelo

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- I -

Historia de Antoñito o un niño modelo

 Antoñito tiene seis años. Es un niño muy bueno, que ya sabe leer y va a la escuela.

 Su padre es artesano. Hace arados y carretas, y Antoñito ya empieza a serle útil llevándole las herramientas que le pide. Su madre le enseña a hacer pajaritas, barquitos y casitas de papel, porque sabe que la enseñanza de estos trabajos manuales es muy útil para los niños.

 Voy a contaros lo que hace Antoñito, porque el que haga lo mismo que él será feliz.

 

- II -

Al levantarse

 Antoñito se levanta muy temprano. No es de esos niños que cuando los llama su madre se hacen los dormidos. Esos niños son unos holgazanes, y la pereza es un pecado muy malo.

 Después de levantarse Antoñito se lava, se viste, reza las oraciones que le enseña su madre, y con su hermanita va donde están sus padres y su abuelita, a darles los buenos días.

 Se desayuna con lo que le da su madre, y se va a la escuela con sus libros bien arregladitos.


- III -

En la escuela

 Antoñito lleva muy bien sabidas sus lecciones y pone mucha atención a lo que explica el señor maestro. Durante la clase no se entretiene hablando ni jugando con otros niños, y como hace grandes adelantos, el señor maestro está con él contentísimo.

 Es muy buen compañero de los otros niños; no acusa a ninguno, y todos le quieren. No hace daño a nadie ni es envidioso, y quiere mucho a sus amiguitos.


- IV -

Los pasteles

 Antoñito tiene muy buen corazón; es muy caritativo y hace todo el bien que puede.

 Un día le regaló su madre una moneda, y no sabía qué hacer con ella. Pensó comprar un trompo; pero ya lo tenía. Comprar una cajita con soldaditos de plomo no podía ser: no era suficiente la moneda que le regaló su madre.

 Se decidió por comprar unos pastelitos en una confitería, y por su moneda le dieron dos pastelitos.

 

- V -

La limosna

 Antoñito se detuvo con los pasteles ante un niño que guiaba a un ciego y que decía:

 -¡Caballero, deme usted una limosna, que no hemos comido! ¡Qué día tan triste!

 Al oír estas palabras Antoñito se acercó al muchachito y le dio los dos pasteles.

 -¡Dios se lo pague, señorito! -Dijo el ciego.

 -Yo no soy señorito: mi padre tiene que trabajar para darme de comer.

 -¡Pues te bendigo a ti y a tus padres!

 

- VI -

El placer de obrar bien

 ¡Qué satisfacción tan grande sintió Antoñito después de aquella noble acción!

 Cuando se obra bien se siente uno alegre, y cuando se obra mal sentimos remordimiento. Es la voz de la conciencia, que habla dentro de nosotros y nos dice lo que no está bien hecho.

 Cuando Antoñito llegó a su casa le preguntó su madre lo que había hecho con su moneda, y él le contestó:

 -Compré dos pastelitos. -Y no le dijo más.

 

- VII -

La bendición de un pobre

 Una buena mujer había visto lo que hizo Antoñito con el ciego, y le dijo a su criado: “Averigua dónde vive ese niño y quiénes son sus padres”; y entregó al ciego una espléndida limosna.

 -Esto -dijo el muchacho al ciego- se lo debemos al niño de los pastelillos. Yo vi que esa santa mujer estaba mirándonos desde la ventana y enterándose de lo que hablábamos.

 Los niños buenos derraman la felicidad por dondequiera que pasan -dijo el ciego.

 

- VIII -

El premio de una buena acción

 El criado no tardó mucho en estar de vuelta, y dijo quiénes eran Antoñito y sus padres.

 El marido de aquella buena mujer fue enseguida a ver al padre de Antoñito; le encargó varias carretas, yugos y arados, y contó al padre de Antoñito el suceso de aquella tarde. Además, el caballero cubrió de besos al niño.

 Así quedó premiado Antoñito, que llevó la tranquilidad y la dicha a su casa.

 

- IX -

Los buenos consejos

 Los niños deben seguir los consejos de sus padres. Ved lo que le sucedió a un pollito que no siguió los consejos de su madre:

 Estaba una gallina rodeada de sus polluelos, y cuando vio que venía un milano, levantó las alas para que todos ellos se escondiesen.

 Los pollitos se metieron debajo de las alas de su madre; pero uno no hizo caso, y el milano se lo llevó para matarlo y comérselo.

 

- X -

La comida de Antoñito

 Cuando Antoñito vuelve de la escuela come con sus padres, su abuelita y su hermanita.

 La comida es pobre, pero está bien sazonada y limpia. La limpieza es el lujo del pobre.

 La limpieza es condición de buena crianza.

 La buena crianza consiste en no hacer cosas que molesten a los demás.

 Antoñito se lava las manos antes y después de sentarse a la mesa. Cuando come no mete los dedos en los platos ni se mancha la ropa.

 

- XI -

El recreo

 Un recreo muy útil para todos los niños es educar sus dedos acostumbrándolos a hacer algún trabajo delicado, como cajitas de cartón, casitas de cartulina u otros parecidos.

 Así estarán en aptitud de aprender a trabajar y podrán ser felices, por lo cual no hacen falta riquezas, las cuales no hacen dichosos a los hombres. Para que os convenzáis de ello, leed el siguiente cuento, que refirió un día la abuelita a sus nietos:

 

 

- XII -

La camisa del hombre feliz

 -Pues, señor, éste era un rey que tenía un hijo, el cual estaba muy malito.

 El rey llamó a los sabios, y les dijo:

 -¿Cómo se podrá curar mi hijo?

 -Poniéndose la camisa de un hombre feliz.

 El rey mandó buscar a un hombre feliz; pero no se encontró: todos deseaban algo que no tenían. Sólo un hombre que estaba en un campo dijo que era feliz y que no quería más de lo que tenía; pero era tan pobre, que no tenía camisa.

 

- XIII -

El trabajo

 No hay más riqueza que el trabajo; quien no aprenda a trabajar, será esclavo de los que trabajen. Los niños trabajan estudiando y poniendo atención a los mandatos y consejos de sus padres y maestros, preparándose para ser hombres. Los niños, cuando sean mayores, han de tener una ocupación: han de ser carpinteros, abogados, herreros, comerciantes, médicos o albañiles, para que con su trabajo puedan atender honradamente a las necesidades de la vida.

 

- XIV -

El asno y el puerco

 -El que no trabaja lo pasa muy mal -decía un día la abuelita. -¿No sabéis el cuento del asno y el puerco? Voy a contároslo.

 Había un labrador que tenía un asno y un puerco. El asno se pasaba la vida trabajando; el puerco, en cambio, no hacía más que comer.

 -¡Quién fuera puerco! -Decía el asno.

 Pero vio que mataban al puerco, y entonces dijo: ¡Hola!
 
¿En eso paran el ocio y los regalos?

¡Al trabajo me atengo y a los palos!

 

- XV -

La mentira

 Los niños buenos no mienten nunca, porque la mentira es un pecado funesto para quien la dice. Si un niño no hace nada malo no tiene que mentir, porque no necesita ocultar nada.

 Si Antoñito hubiera llegado tarde a la escuela por haberse entretenido con otros niños y le hubiera dicho a su madre que había llegado a tiempo, habría mentido; pero como nunca se entretenía jugando cuando iba a la escuela, no necesitaba decir una mentira a su madre.

 

- XVI -

El pastorcillo y el lobo

 Había un pastorcillo que tenía la mala costumbre de mentir. ¡Caro le costó!

 Una vez se puso a gritar: "¡El lobo! ¡Socorro! ¡Que viene el lobo!" Otros pastores que le oyeron acudieron corriendo en su ayuda con sus palos y sus perros. Y vieron que era mentira.

 Pero otro día salió de veras, y por más que el pastor les gritaba: " ¡El lobo, el lobo!", no le hicieron caso, creyendo que era mentira, y el lobo le mató muchas ovejas del rebaño.

 

- XVII -

La ira

 Antoñito no se pone rabioso cuando está jugando con otros niños o con su hermanita.

 Sabe que la ira es un pecado.

 Hay niños que cuando tienen alguna contrariedad se dejan llevar por la ira. Entonces gritan, lloran y patean. �Qué feos se ponen!

 Además, con la ira se gana fama de malo y de malcriado.

 A los niños que son así suelen encerrarlos en cuartos oscuros donde hay ratones. [68]

 

- XVIII -

No seáis miedosos

 Los niños deben evitar los peligros verdaderos. Son niños mal educados los que se pegan y amenazan, los que juegan con armas de fuego o instrumentos cortantes. Yo conozco un niño que se cortó una mano con un cuchillo, y otro, jugando con una escopeta, mató a un compañero; pero los niños deben despreciar los peligros falsos y no ser miedosos.

 Los niños tontos, cuando están acostados y con luz apagada, tienen miedo.

 

- XIX -

El caminante y el tambor

 Para que veáis qué tontería es tener miedo sin motivo, voy a contaros lo que le pasó a un caminante que andaba por el campo:

 Hacía una noche oscura, y el caminante, que era muy miedoso, oyó un ruido que hacía ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, y asustado se escondió.

 Cuando amaneció vio un tambor colgado, que movido por el viento sonaba de aquella manera, y se avergonzó de sí mismo.

 

- XX -

La obediencia

 Antoñito no es como otros niños, que cuando les mandan una cosa replican antes de hacerla y piensan por qué se la han mandado. Él se dice: mis padres y mi maestro saben más que yo, y cuando me mandan hacer una cosa, es porque debo hacerla; y la hace.

 No hay nada peor que la desobediencia.

 El niño que he contado que mató a un compañero, ¿por qué le mató? Por desobedecer a su padre y a su madre.

 

- XXI -

Lo útil y lo agradable

 Hay niños que ponen atención a los juegos y a otras cosas, pero no a lo que dicen los libros.

 Eso está muy mal hecho, porque así tardarán mucho en aprender las cosas.

 Se puede pasar sin saber muchos juegos y saber muchos cuentos; pero es preciso saber hablar, saber cuentas, saber lo que está bien hecho y lo que está mal hecho.

 Antoñito pone atención a lo que sus padres le encomiendan, y por eso aprende muchas cosas.


- XXII -

La envidia

 Antoñito no es envidioso. Si oye decir que otro niño es inteligente o bueno, se alegra. Él querría que todos los niños fueran buenos y que todos estuvieran contentos.

 El niño envidioso no está nunca alegre: le gustaría que todos estuvieran tristes, que todos fueran feos, tontos y que no tuvieran juguetes.

 Niños, sed como Antoñito; estudiad mucho para que os llamen buenos, y alegraos de que vuestros compañeros también lo sean.

 

- XXIII -

Más vale ser bueno que criticar a los malos

 Una zorra le decía a un gato: -¡Santa es la justicia, que respeta los derechos de todos!

 -¡Bendito el que la pone en práctica! -añadió el gato suspirando.

 De pronto vieron un lobo que aprisionaba a un corderillo: éste suplica al lobo que se compadeciera de él; pero el lobo se comió al corderillo. -¡Ese lobo es un miserable que se alimenta con carne de un inocente!-dijo el gato.

 -¡Es una infamia -repuso la zorra- derramar sangre de un animal débil!

 Pero llegaron a un gallinero, y la zorra se comió tres gallinas, mientras el gato devoraba a un ratón que atravesaba el camino.

 Una araña que lo había presenciado todo dijo escandalizada:

-¡No comprendo cómo pueden cometerse tales crueldades! -Y en aquel momento mató a una mosca que acababa de enredarse en la tela.

 Este cuento nos dice bien claro que debemos enmendar nuestros defectos antes de criticar los ajenos.

 
En este mundo traidor
 nada es verdad ni mentira:
 todo es según el color
 del cristal con que se mira.

CAMPOAMOR.

 

- XXIV -

Los niños que aprenden poco

 Hay niños que aprenden poco porque no se fijan en las cosas que les enseñan; luego las hacen mal, y son desgraciados toda su vida. Antoñito no es de ésos, y aprende todo lo que explica el señor maestro. Un día le oyó decir que la gula es un pecado que consiste en comer y beber mucho y pensar más en las cosas de comer que en estudiar.

 Un niño puede comer golosinas moderadamente: eso no es malo; pero abusar de ellas sí, porque ocasiona indigestiones y enfermedades.

 

- XXV -

El castigo de la gula

 Antoñito había tenido el defecto de ser goloso, y su padre le corrigió de él.

 Le dio un día varias monedas para que comprara dulces. El niño comió demasiados; enseguida se sintió mal con dolor de vientre, y llorando a gritos decía:

 -¡Ay, madre, que me muero!

 Pero con una purga que le dio su madre se curó de aquella indigestión, y también de su excesiva afición a los dulces.

 

- XXVI -

El gato y el raposo

 -¿Cuántas maneras sabes tú de librarte de los perros? -preguntó el raposo al gato.

 -Una -dijo el gato: -subirme a un árbol.

 -Pues yo sé más de veinte -dijo el raposo.

 En aquel momento vieron venir unos perros, y el gato trepó a un árbol; desde allí vio que los perros aprisionaban al raposo, y le dijo:

 -¿Para cuándo guardas tus habilidades?

 Enseña este cuento que el que quiere saber muchas cosas a la vez suele no aprenderlas bien.

 

- XXVII -

Por la noche

 Después de cenar, si es invierno, Antoñito se sienta al lado de su hermanita y procura no interrumpir a las personas mayores ni molestarlas: a veces oye lo que hablan, pero sin tomar parte en sus conversaciones. Su madre le ha dicho muchas veces que cuando hablan las personas mayores los niños no deben hablar si no les preguntan, y que deben dejar los mejores puestos a los ancianos.

 En tiempo de verano juega Antoñito con Luisita después de la cena hasta la hora de acostarse.

 Antes de irse a la cama se despide de sus padres, los besa y les da las buenas noches. Luego se va a su cuarto él solito, y antes de acostarse reza las oraciones que le ha enseñado su buena madre.

 Después se desnuda, se mete en la cama, y cuando entra su madre en el cuarto para darte un beso en la frente, Antoñito está ya profundamente dormido.

 Niños, imitad a Antoñito, y seréis hoy unos niños buenos; más adelante, hombres de provecho para vosotros, para vuestra familia y para vuestra patria, y siempre seréis felices.

  Los hombres que son honrados por todos son respetados.

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