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H.P Lovecraft en AlbaLearning

H.P. LOVECRAFT

"La tumba - The tomb"

Biografía de Howard Phillips Lovecraft en Wikipedia 
H.P.LOVECRAFT
LA TUMBA ESPAÑOLAUDIO 
THE TOMB English text
 
OTRAS OBRAS DEL AUTOR
 
Aire frío *
Dagón
De la oscuridad
El alquimista *
El árbol
El caos reptante *
El ceremonial
El extraño
El clérigo malvado 
El grito del muerto
En la cripta 
Ex oblivione 
La bestia de la cueva
La calle
La ciudad sin nombre
La nave blanca
La pradera verde
La torre (+videolibro)
La tumba
Lo innombrable *
Los gatos de Ulthar 
Polaris 
 
Textos Bilingües-Bilingual Texts
H.P. LOVECRAFT
 
El Ceremonial - The Festival
La ciudad sin nombre -La ciudad sin nombre
De la oscuridad - From the dark
El árbol-The tree
El clérigo malvado - The evil clergyman 
El grito del muerto - The scream of the dead
En la cripta - In the Vault 
Ex oblivione - Ex oblivione
La bestia de la cueva - The beast in the cave
La calle - The street
La ciudad sin nombre - The nameless city
La pradera verde - The green medow
La tumba - The tomb
Los gatos de ulthar - The cats of Ulthar 
Polaris-Polaris
 
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LA TUMBA ESPAÑOL
THE TOMB English text
Al abordar las circunstancias que han provocado mi reclusión en este asilo para enfermos mentales, soy consciente de que mi actual situación provocará las lógicas reservas acerca de la autenticidad de mi relato. Es una desgracia que el común de la humanidad sea demasiado estrecha de miras para sopesar con calma e inteligencia ciertos fenómenos aislados que subyacen más allá de su experiencia común, y que son vistos y sentidos tan sólo por algunas personas psíquicamente sensibles. Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera dis­tinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles sentidos físicos y mentales mediante los que las percibimos; pero el prosaico mate­rialismo de la mayoría tacha de locuras a los destellos de clarivi­dencia que traspasan el vulgar velo del empirismo chabacano.   In relating the circumstances which have led to my confinement within this refuge for the demented, I am aware that my present position will create a natural doubt of the authenticity of my narrative. It is an unfortunate fact that the bulk of humanity is too limited in its mental vision to weigh with patience and intelligence those isolated phenomena, seen and felt only by a psychologically sensitive few, which lie outside its common experience. Men of broader intellect know that there is no sharp distinction betwixt the real and the unreal; that all things appear as they do only by virtue of the delicate individual physical and mental media through which we are made conscious of them; but the prosaic materialism of the majority condemns as madness the flashes of supersight which penetrate the common veil of obvious empricism.
Mi nombre es Jervas Dudley, y desde mi más tierna infancia he sido un soñador y un visionario. Lo bastante adinerado como para no necesitar trabajar, y temperamentalmente negado para los estudios formales y el trato social de mis iguales, viví siempre en esferas alejadas del mundo real; pasando mi juventud y ado­lescencia entre libros antiguos y poco conocidos, así como deambulando por los campos y arboledas en la vecindad del hogar de mis antepasados. No creo que lo leído en tales libros, o lo visto en esos campos y arboledas, fuera lo mismo que otros chicos pudieran leer o ver allí; pero de tales cosas debo hablar poco, ya que explayarme sobre ellas no haría sino confirmar esas infamias despiadadas acerca de mi inteligencia que a veces oigo susurrar a los esquivos enfermeros que me rodean. Será mejor para mí que me ciña a los sucesos sin entrar a analizar las causas.   My name is Jervas Dudley, and from earliest childhood I have been a dreamer and a visionary. Wealthy beyond the necessity of a commercial life, and temperamentally unfitted for the formal studies and social recreation of my acquaintances, I have dwelt ever in realms apart from the visible world; spending my youth and adolescence in ancient and little known books, and in roaming the fields and groves of the region near my ancestral home. I do not think that what I read in these books or saw in these fields and groves was exactly what other boys read and saw there; but of this I must say little, since detailed speech would but confirm those cruel slanders upon my intellect which I sometimes overhear from the whispers of the stealthy attendants around me. It is sufficient for me to relate events without analyzing causes.
Ya he dicho que vivía apartado del mundo real, aunque no que viviera solo. Eso no es para seres humanos, ya que quien se aparta de la compañía de los vivos inevitablemente frecuenta la compañía de cosas que no tienen, o al menos no demasiada, vida. Cerca de mi casa existe una curiosa hondonada boscosa en cuyas profundidades umbrías pasaba la mayor parte del tiempo; leyendo, pensando y soñando. En sus musgosas laderas tuvieron lugar mis primeros pasos infantiles, y en torno a sus robles gro­tescamente nudosos se entretejieron mis primeras fantasías de adolescencia. Terminé por conocer bien a las dríadas tutelares de tales árboles, y a menudo he atisbado sus salvajes danzas a los fieros rayos de la luna menguante… pero no debo hablar ahora de eso. Debo ceñirme a la tumba abandonada de los Hydes, una vieja y rancia familia cuyo último descendiente directo había sido introducido en su negro seno décadas antes de mi nacimiento.   I have said that I dwelt apart from the visible world, but I have not said that I dwelt alone. This no human creature may do; for lacking the fellowship of the living, he inevitably draws upon the companionship of things that are not, or are no longer, living. Close by my home there lies a singular wooded hollow, in whose twilight deeps I spent most of my time; reading, thinking, and dreaming. Down its moss-covered slopes my first steps of infancy were taken, and around its grotesquely gnarled oak trees my first fancies of boyhood were woven. Well did I come to know the presiding dryads of those trees, and often have I watched their wild dances in the struggling beams of a waning moon but of these things I must not now speak. I will tell only of the lone tomb in the darkest of the hillside thickets; the deserted tomb of the Hydes, an old and exalted family whose last direct descendant had been laid within its black recesses many decades before my birth.
Esta cripta de la que hablo es de viejo granito, carcomido y descolorido por brumas y humedades de generaciones. Excavado en la ladera, tan sólo la entrada de la estructura resulta visible. La puerta, un bloque pesado e imponente de piedra, cuelga sobre oxidados goznes de hierro, y se encuentra entornada de forma extraña y siniestra, mediante pesadas cadenas y candados, si­guiendo una rústica costumbre de hace medio siglo. La residen­cia del linaje cuyos vástagos yacen aquí en urnas antiguamente coronaba la cuesta donde se halla la tumba, pero hace mucho que se derrumbó víctima de las llamas provocadas por la desas­trosa caída de un rayo. Los mas viejos del lugar a veces hablan con voces apagadas e inquietas acerca de la tormenta de media­noche que destruyó esa melancólica mansión; mencionando lo que ellos llaman «cólera divina» en una forma tal que en años posteriores aumentaría la siempre fuerte fascinación que sentía por ese sepulcro devorado por las malezas. Tan sólo un hombre había perecido por el fuego. Cuando el último de los Hydes fue sepultado en este lugar de sombras y quietud, aquella triste urna de cenizas había llegado de una tierra distante, ya que la familia se había marchado tras el incendio de la mansión. Ya no queda nadie para depositar flores en el portal de granito, y pocos se aventuran entre las deprimentes sombras que parecen demorarse en forma extraña alrededor de sus piedras gastadas por el agua.   The vault to which I refer is of ancient granite, weathered and discolored by the mists and dampness of generations. Excavated back into the hillside, the structure is visible only at the entrance. The door, a ponderous and forbidding slab of stone, hangs upon rusted iron hinges, and is fastened ajar in a queerly sinister way by means of heavy iron chains and padlocks, according to a gruesome fashion of half a century ago. The abode of the race whose scions are here inurned had once crowned the declivity which holds the tomb, but had long since fallen victim to the flames which sprang up from a stroke of lightning. Of the midnight storm which destroyed this gloomy mansion, the older inhabitants of the region sometimes speak in hushed and uneasy voices; alluding to what they call 'divine wrath' in a manner that in later years vaguely increased the always strong fascination which I had felt for the forest-darkened sepulcher. One man only had perished in the fire. When the last of the Hydes was buried in this place of shade and stillness, the sad urnful of ashes had come from a distant land, to which the family had repaired when the mansion burned down. No one remains to lay flowers before the granite portal, and few care to brave the depressing shadows which seem to linger strangely about the water-worn stones.
Nunca olvidaré la tarde en que me encontré por primera vez con esa casa de muerte casi oculta. Era mediado el verano, cuando la alquimia de la naturaleza transmuta el paisaje silvestre en una vívida y casi homogénea masa de verdor; cuando los sen­tidos se ven intoxicados por oleadas de húmedo verdor y el aroma sutilmente indefinible de la tierra y la vegetación. En tales parajes la mente pierde la perspectiva; tiempo y espacio se hacen vanos e irreales, y los sucesos de un pasado perdido laten insistentemente sobre la conciencia cautivada.   I shall never forget the afternoon when first I stumbled upon the half-hidden house of death. It was in midsummer, when the alchemy of nature transmutes the sylvan landscape to one vivid and almost homogeneous mass of green; when the senses are well-nigh intoxicated with the surging seas of moist verdure and the subtly indefinable odors of the soil and the vegetation. In such surroundings the mind loses its perspective; time and space become trivial and unreal, and echoes of a forgotten prehistoric past beat insistently upon the enthralled consciousness.
Estuve vagabun­deando todo el día a través de las místicas arboledas; pensando en cosas de las que no hace falta hablar y conversando con seres que no debo mencionar. A la edad de diez años, yo había visto y oído multitud de maravillas ocultas para el vulgo; y era curiosa­mente viejo en ciertos aspectos. Cuando, tras abrirme paso entre dos exuberantes zarzales, me topé bruscamente con la entrada de la cripta, yo no sabía lo que había descubierto. Los oscuros blo­ques de granito, la puerta tan curiosamente entreabierta, y los relieves funerarios sobre el arco, no despertaron en mí asociaciones tristes o terribles. Sobre tumbas y sepulcros ya era mucho lo que sabía e imaginaba, aunque por mi peculiar carácter me había apartado de todo contacto con camposantos y cementerios! La extraña casa de piedra en la ladera representaba para mí una fuente de interés y especulaciones; y su interior frío y húmedo, dentro del que vanamente trataba de ojear a través de la abertura tan incitantemente dispuesta, no tenía para mí con­notaciones de muerte o decadencia. Pero de ese instante de curiosidad nació el loco e irracional deseo que me ha conducido a este infierno de reclusión. Azuzado por una voz que debía proceder del espantoso corazón de la espesura, resolví penetrar aquellas tinieblas que me reclamaban, a pesar de las cadenas que impedían mi acceso. En la menguante luz del día, alternativa­mente sacudí los herrumbrosos impedimentos, dispuesto a franquear la puerta de piedra, e intenté escurrir mi magro cuerpo a través del espacio ya abierto; pero nada de todo esto resultó. Tras la curiosidad del principio, ahora me encontraba frenético; y cuando en el crepúsculo que avanzaba volví a casa, había jurado al centenar de dioses del bosque que, a cualquier precio, algún día me abriría paso hasta las oscuras y heladas profundi­dades que parecían reclamarme. El médico de barba gris que acude cada día a mi cuarto dijo una vez a un visitante que tal decisión representaba el comienzo de una penosa monomanía; pero esperaré el juicio final de los lectores cuando éstos hayan sabido todo.   All day I had been wandering through the mystic groves of the hollow; thinking thoughts I need not discuss, and conversing with things I need not name. In years a child of ten, I had seen and heard many wonders unknown to the throng; and was oddly aged in certain respects. When, upon forcing my way between two savage clumps of briars, I suddenly encountered the entrance of the vault, I had no knowledge of what I had discovered. The dark blocks of granite, the door so curiously ajar, and the funeral carvings above the arch, aroused in me no associations of mournful or terrible character. Of graves and tombs I knew and imagined much, but had on account of my peculiar temperament been kept from all personal contact with churchyards and cemeteries. The strange stone house on the woodland slope was to me only a source of interest and speculation; and its cold, damp interior, into which I vainly peered through the aperture so tantalizingly left, contained for me no hint of death or decay. But in that instant of curiosity was born the madly unreasoning desire which has brought me to this hell of confinement. Spurred on by a voice which must have come from the hideous soul of the forest, I resolved to enter the beckoning gloom in spite of the ponderous chains which barred my passage. In the waning light of day I alternately rattled the rusty impediments with a view to throwing wide the stone door, and essayed to squeeze my slight form through the space already provided; but neither plan met with success. At first curious, I was now frantic; and when in the thickening twilight I returned to my home, I had sworn to the hundred gods of the grove that at any cost I would some day force an entrance to the black, chilly depths that seemed calling out to me. The physician with the iron-grey beard who comes each day to my room, once told a visitor that this decision marked the beginning of a pitiful monomania; but I will leave final judgment to my readers when they shall have learnt all.
Consumí los meses posteriores al descubrimiento en inútiles tentativas de forzar el complejo candado de la cripta entrea­bierta, así como en discretas indagaciones acerca de la naturaleza e historia de esa estructura. Con el oído tradicionalmente receptivo de los niños, aprendí mucho, aun cuando mi habitual reserva me llevó a no comunicar a nadie ni esos datos ni la decisión tomada. Quizás debiera mencionar que no me sorprendí ni me aterré al conocer la naturaleza de la cripta. Mis originales ideas acerca de la vida y de la muerte me habían llevado a asociar, de alguna vaga forma, la fría arcilla y el cuerpo animado; y sentí que esa grande y siniestra familia de la mansión incendiada estaba en algún modo presente en el pétreo recinto que yo trataba de explorar. Las habladurías sobre ritos salvajes e idólatras orgías ocurridas antiguamente en el viejo lugar despertaban en mí un nuevo y poderoso interés por la tumba, ante cuyas puertas podía sentarme durante horas y más horas cada día. En cierta ocasión lancé una vela por la rendija de la entrada; pero no pude ver nada sino un tramo de húmedos peldaños que descendía. El olor del lugar me repelía al tiempo que me fascinaba. Sentía haberlo aspirado ya antes, en un remoto pasado anterior a todo recuerdo; previo incluso a mi estancia en el cuerpo que ahora habito.   The months following my discovery were spent in futile attempts to force the complicated padlock of the slightly open vault, and in carefully guarded inquiries regarding the nature and history of the structure. With the traditionally receptive ears of the small boy, I learned much; though an habitual secretiveness caused me to tell no one of my information or my resolve. It is perhaps worth mentioning that I was not at all surprised or terrified on learning of the nature of the vault. My rather original ideas regarding life and death had caused me to associate the cold clay with the breathing body in a vague fashion; and I felt that the great and sinister family of the burned-down mansion was in some way represented within the stone space I sought to explore. Mumbled tales of the weird rites and godless revels of bygone years in the ancient hall gave to me a new and potent interest in the tomb, before whose door I would sit for hours at a time each day. Once I thrust a candie within the nearly closed entrance, but could see nothing save a flight of damp stone steps leading downward. The odor of the place repelled yet bewitched me. I felt I had known it before, in a past remote beyond all recollection; beyond even my tenancy of the body I now possess.
El año siguiente al descubrimiento de la tumba encontré una traducción carcomida por los gusanos de las Vidas de Plutarco en el ático atestado de libros de mi hogar. Leyendo la vida de Teseo, quedé sumamente impresionado por aquel pasaje que habla sobre la gran roca bajo la que el héroe infantil habría de encontrar las señales de su destino, tras hacerse lo suficiente­mente adulto como para alzar su enorme peso. Esa leyenda consiguió aplacar mi acuciante impaciencia por penetrar la cripta, ya que me hizo percibir que aún no había llegado el tiempo. Más tarde, me dije, alcanzaría fuerza e ingenio bastantes como para franquear con facilidad la puerta pesadamente encadenada; pero hasta ese momento debía conformarme con lo que pare­cían los designios del Destino.   The year after I first beheld the tomb, I stumbled upon a worm-eaten translation of Plutarch's Lives in the book-filled attic of my home. Reading the life of Theseus, I was much impressed by that passage telling of the great stone beneath which the boyish hero was to find his tokens of destiny whenever he should become old enough to lift its enormous weight. The legend had the effect of dispelling my keenest impatience to enter the vault, for it made me feel that the time was not yet ripe. Later, I told myself, I should grow to a strength and ingenuity which might enable me to unfasten the heavily chained door with ease; but until then I would do better by conforming to what seemed the will of Fate.
En consecuencia, la atención dedicada al húmedo portal se tornó menos persistente, y dediqué mucho de mi tiempo a otras meditaciones sobre asuntos igualmente extraños. A veces me levantaba sigilosamente durante la noche, saliendo a pasear por aquellos camposantos y cementerios de los que mis padres me habían mantenido alejado. Qué hacía allí no sabría decir, ya que no estoy seguro de la realidad de algunos hechos; pero sé que al día siguiente de alguno de tales paseos solía asombrarme con la posesión de un conocimiento sobre temas casi olvidados durante muchas generaciones. Fue durante una noche así que estremecí a la comunidad con una extraña hipótesis acerca del enterramiento del rico y famoso hacendado Brewster, una celebridad local sepultada en 1711 y cuya lápida de pirraza, ostentando el grabado de una calavera y dos tibias cruzadas, iba convirtiéndose lentamente en polvo. En un instante de infantil imaginación juré no sólo que el enterrador, Goodman Simpson, había hurtado sus zapatos con hebilla de plata, medias de seda y calzo­nes de raso al muerto antes del entierro; sino que el mismo hacendado, aún vivo, se había girado por dos veces en su ataúd cubierto de tierra el día después de ser sepultado.   Accordingly my watches by the dank portal became less persistent, and much of my time was spent in other though equally strange pursuits. I would sometimes rise very quietly in the night, stealing out to walk in those church-yards and places of burial from which I had been kept by my parents. What I did there I may not say, for I am not now sure of the reality of certain things; but I know that on the day after such a nocturnal ramble I would often astonish those about me with my knowledge of topics almost forgotten for many generations. It was after a night like this that I shocked the community with a queer conceit about the burial of the rich and celebrated Squire Brewster, a maker of local history who was interred in 1711, and whose slate headstone, bearing a graven skull and crossbones, was slowly crumbling to powder. In a moment of childish imagination I vowed not only that the undertaker, Goodman Simpson, had stolen the silver-buckled shoes, silken hose, and satin small-clothes of the deceased before burial; but that the Squire himself, not fully inanimate, had turned twice in his mound-covered coffin on the day after interment.
Pero la idea de penetrar la tumba nunca abandonó mis pen­samientos; viéndose de hecho estimulada por el inesperado descubrimiento genealógico de que mis propios antepasados mater­nos mantenían un ligero parentesco con la familia de los Hydes, considerada extinta. El último de mi rama paterna, yo era asi­mismo el último de ese linaje más viejo y misterioso. Comencé a considerar esa tumba como mía, y a esperar con ansiedad el futuro, esperando el momento en que pudiera traspasar la puerta de piedra y descender en la oscuridad aquellos viscosos peldaños de piedra. Adquirí el hábito de escuchar con gran atención junto al portal entornado, eligiendo para esa curiosa vigilia mis horas preferidas, en la quietud de la medianoche. Al alcanzar la edad adulta, había abierto un pequeño claro en la espesura, ante la fachada cubierta de moho de la ladera, permitiendo a la vegetación adyacente circundar y cubrir aquel espacio, a semejanza de un selvático enramado. Tal enramado era mi templo, la puerta aherrojada del santuario, y aquí yacía tendido en el musgoso suelo, sumido en extraños pensamientos y soñando sueños extraños.   But the idea of entering the tomb never left my thoughts; being indeed stimulated by the unexpected genealogical discovery that my own maternal ancestry possessed at least a slight link with the supposediy extinct family of the Hydes. Last of my paternal race, I was likewise the last of this older and more mysterious line. I began to feel that the tomb was mine, and to look forward with hot eagerness to the time when I might pass within that stone door and down those slimy stone steps in the dark. I now formed the habit of listening very intently at the slightly open portal, choosing my favorite hours of midnight stillness for the odd vigil. By the time I came of age, I had made a small clearing in the thicket before the mold-stained facade of the hillside, allowing the surrounding vegetation to encircle and overhang the space like the walls and roof of a sylvan bower. This bower was my temple, the fastened door my shrine, and here I would lie outstretched on the mossy ground, thinking strange thoughts and dreaming strange dreams.
La noche de la primera revelación hacía bochorno. Debí quedarme dormido a causa del cansancio, ya que tuve la clara sensación de despertar al oír las voces. Dudo de mencionar sus tonos y acentos; de su cualidad no quiero ni hablar; pero puedo decir que había extraordinarias diferencias en su vocabulario, pronunciación y en la construcción de frases. Cada matiz del dialecto de Nueva Inglaterra, desde las groseras sílabas de los colonos puritanos a la retórica precisa de cincuenta años atrás, parecían hallarse representadas en aquel sombrío coloquio, aun­que sólo más tarde caí en la cuenta. En ese instante, de hecho, mi atención estaba distraída con otro fenómeno; un suceso tan fugaz que no podría jurar que haya sucedido realmente. Apenas creí estar despierto, cuando una luz se apagó apresuradamente dentro del hondo sepulcro. No creo haber quedado pasmado o sumido en el pánico, aunque soy consciente de haber sufrido un cambio grande y permanente durante esa noche. Al volver a casa me dirigí sin vacilar a un podrido arcón del ático, en cuyo interior encontré la llave que al día siguiente abriría fácilmente la barrera contra la que tanto tiempo había luchado en vano.   The night of the first revelation was a sultry one. I must have fallen asleep from fatigue, for it was with a distinct sense of awakening that I heard the voices. Of these tones and accents I hesitate to speak; of their quality I will not speak; but I may say that they presented certain uncanny differences in vocabulary, pronunciation, and mode of utterance. Every shade of New England dialect, from the uncouth syllables of the Puritan colonists to the precise rhetoric of fifty years ago, seemed represented in that shadowy colloquy, though it was only later that I noticed the fact. At the time, indeed, my attention was distracted from this matter by another phenomenon; a phenomenon so fleeting that I could not take oath upon its reality. I barely fancied that as I awoke, a light had been hurriedly extinguished within the sunken sepulcher. I do not think I was either astounded or panic-stricken, but I know that I was greatly and permanently changed that night. Upon returning home I went with much directness to a rotting chest in the attic, wherein I found the key which next day unlocked with ease the barrier I had so long stormed in vain.
Fue al suave resplandor del final de la tarde cuando por vez primera accedí a la cripta de la ladera abandonada. Un hechizo me envolvía, y mi corazón latía con un alborozo que apenas puedo describir. Mientras cerraba a mis espaldas la puerta y des­cendía los pringosos escalones a la luz de mi solitaria vela, creí reconocer el camino y, aunque la vela chisporroteaba debido al sofocante ambiente del lugar, me sentía singularmente a gusto con aquel aire viciado, como de osario. Mirando alrededor, columbré multitud de losas de mármol sobre las que reposaban ataúdes, o restos de ataúdes. Algunos estaban sellados e intactos, pero otros casi se habían deshecho, dejando las manijas de plata y placas caídas entre algunos curiosos montones de polvo blancuzco. En una de las placas leí el nombre de sir Geoffrey Hyde, que había llegado de Sussex en 1640 y muerto aquí unos años después. En un llamativo nicho había un ataúd bastante bien conservado y vacío que me hizo sonreír a la par que estremecer. Un extraño impulso me llevó a encaramarme a la amplia losa, apagar la vela y yacer dentro de la caja desocupada.   It was in the soft glow of late afternoon that I first entered the vault on the abandoned slope. A spell was upon me, and my heart leaped with an exultation I can but ill describe. As I closed the door behind me and descended the dripping steps by the light of my lone candle, I seemed to know the way; and though the candle sputtered with the stifling reek of the place, I felt singularly at home in the musty, charnel-house air. Looking about me, I beheld many marble slabs bearing coffins, or the remains of coffins. Some of these were sealed and intact, but others had nearly vanished, leaving the silver handles and plates isolated amidst certain curious heaps of whitish dust. Upon one plate I read the name of Sir Geoffrey Hyde, who had come from Sussex in 1640 and died here a few years later. In a conspicuous alcove was one fairly well preserved and untenanted casket, adorned with a single name which brought me both a smile and a shudder. An odd impulse caused me to climb upon the broad slab, extinguish my candle, and lie down within the vacant box.
Con la luz gris del alba salí dando tumbos de la cripta y aseguré la cadena de la puerta a mi espalda. Ya no era un joven, aun cuando tan sólo veintiún inviernos habían pasado por mi envoltura corporal. Los aldeanos más madrugadores que alcan­zaron a presenciar mi vuelta a casa me contemplaron atónitos, asombrados de los signos de juerga tormentosa visibles en alguien cuya vida era tenida por sobria y solitaria. No me mos­tré ante mis padres hasta después de un largo y reparador sueño.   In the gray light of dawn I staggered from the vault and locked the chain of the door behind me. I was no longer a young man, though but twenty-one winters had chilled my bodily frame. Early-rising villagers who observed my homeward progress looked at me strangely, and marveled at the signs of ribald revelry which they saw in one whose life was known to be sober and solitary. I did not appear before my parents till after a long and refreshing sleep.
En adelante frecuenté cada noche la tumba; viendo, escuchando y realizando actos que jamás debo revelar. Mi forma de hablar, siempre susceptible de las influencias más inmediatas, fue lo primero en sucumbir al cambio, y la súbita aparición de arcaísmos en mi habla fue pronto advertida. Más tarde, mi conducta se tiño de extraño valor y temeridad, hasta el punto de que inconscientemente comencé a adoptar la actitud de un hombre de mundo, a pesar de mi reclusión de por vida. Mi ante­riormente silenciosa lengua se tornó voluble, con la gracia fácil de un Chesterfield o el cinismo ateo de un Rochester. Mostraba una curiosa erudición, completamente alejada de los saberes fantásticos y monacales de los que me había empapado en mi juventud, y cubría las hojas de guarda de mis libros con fáciles e improvisados epigramas que tenían influencias de Gay, Prior y los más vivos de los burlones y poetas augustos. Una mañana, durante el desayuno, me puse al borde del desastre al declamar con acentos netamente ebrios una efusión de alegría bacanal del siglo dieciocho; un soplo de alegría georgiana nunca consignada en libros, que rezaba más o menos así:   Henceforward I haunted the tomb each night; seeing, hearing, and doing things I must never recall. My speech, always susceptible to environmental influences, was the first thing to succumb to the change; and my suddenly acquired archaism of diction was soon remarked upon. Later a queer boldness and recklessness came into my demeanor, till I unconsciously grew to possess the bearing of a man of the world despite my lifelong seclusion. My formerly silent tongue waxed voluble with the easy grace of a Chesterfield or the godless cynicism of a Rochester. I displayed a peculiar erudition utterly unlike the fantastic, monkish lore over which I had pored in youth; and covered the fly-leaves of my books with facile impromptu epigrams which brought up suggestions of Gay, Prior, and the sprightliest of the Augustan wits and rimesters. One morning at breakfast I came close to disaster by declaiming in palpably liquorish accents an effusion of Eighteenth Century bacchanalian mirth, a bit of Georgian playfulness never recorded in a book, which ran something like this:

Acudid acá, mozos, con vuestras jarras de cerveza,
Y bebed por el presente antes de que se esfume;
Apilad en vuestro plato una montaña de carne,
Pues el comer y el beber nos brinda alivio:
Así que colmad vuestros vasos,
Ya que la vida pronto pasará;
¡Cuando estéis muertos no brindaréis a la salud del rey o de vuestra chica!  
Anacreonte tenía la nariz roja, según cuentan:
¿Pero qué es una nariz colorada a cambio de estar alegre y vivaz? 
¡Dios me valga! Mejor rojo como estoy aquí, que blanco como un lirio… ¡y muerto medio año!
Así que Betty, mi dama,
Ven y dame un beso;

¡En el infierno no hay hija de ventero que se te pueda comparar!
El joven Harry se mantiene todo lo tieso que puede,
Pronto perderá la peluca y caerá bajo la mesa;
Pero colmad vuestras copas y hacerlas circular…
¡Mejor bajo la mesa que bajo tierra!
Así que reíd y gozad Bebed sin cesar:


¡Bajo seis pies de tierra no os será tan fácil el disfrutar!
El diablo me confunda! Apenas puedo andar,
¡Maldito sea si puedo tenerme en pie o hablar!
Aquí, posadero, manda a Betty por una silla;
¡Me iré a casa en un rato, ya que mi mujer no está!
Así que echadme una mano;
No me tengo en pie,
¡Pero contento estoy mientras me mantenga sobre la tierra!

 

Come hither, my lads, with your tankards of ale,
And drink to the present before it shall fail;
Pile each on your platter a mountain of beef,
For 'tis eating and drinking that bring us relief:
  So fill up your glass,
  For life will soon pass;
When you're dead ye'll ne'er drink to your king or your lass!
Anacreon had a red nose, so they say;
But what's a red nose if ye're happy and gay?
Gad split me! I'd rather be red whilst I'm here,
Than white as a lily and dead half a year!
  So Betty, my miss,
  Come give me kiss;

In hell there's no innkeeper's daughter like this!
Young Harry, propp'd up just as straight as he's able,
Will soon lose his wig and slip under the table,
But fill up your goblets and pass 'em around
Better under the table than under the ground!

  So revel and chaff
  As ye thirstily quaff:
Under six feet of dirt 'tis less easy to laugh!
The fiend strike me blue! l'm scarce able to walk,
And damn me if I can stand upright or talk!
Here, landlord, bid Betty to summon a chair;
l'll try home for a while, for my wife is not there!
  So lend me a hand;
  I'm not able to stand,
But I'm gay whilst I linger on top of the land!

Por esa época comencé a albergar mi actual miedo al fuego y las tormentas. Antes indiferente a tales cosas, sentía ahora un inexplicable horror ante ellas; y era capaz de recogerme al rincón más profundo de la casa cuando los cielos amenazaban con aparato eléctrico. Uno de mis refugios favoritos durante el día era el ruinoso sótano de la mansión quemada, y con la imaginación podría pintar la estructura tal y como había sido antiguamente. En cierta ocasión asusté a un aldeano conduciéndolo en secreto a un sombrío subsótano cuya existencia me parecía conocer a pesar del hecho de que había permanecido desconocido y olvidado durante muchas generaciones.   About this time I conceived my present fear of fire and thunderstorms. Previously indifferent to such things, I had now an unspeakable horror of them; and would retire to the innermost recesses of the house whenever the heavens threatened an electrical display. A favorite haunt of mine during the day was the ruined cellar of the mansion that had burned down, and in fancy I would picture the structure as it had been in its prime. On one occasion I startled a villager by leading him confidently to a shallow subcellar, of whose existence I seemed to know in spite of the fact that it had been unseen and forgotten for many generations.
Al final ocurrió lo que tanto había temido. Mis padres, alar­mados por la alteración de ademanes y apariencia de su único hijo, comenzaron a ejercer sobre mis movimientos un discreto espionaje que amenazaba con conducirme al desastre. No había comentado a nadie mis visitas a la tumba, habiendo guardado mi secreto propósito con religioso celo desde la infancia; pero ahora me veía obligado a guardar precauciones cuando deambulaba por los laberintos de la hondonada boscosa, ya que debía despistar a un posible perseguidor. Guardaba la llave de la cripta col­gando de un cordel alrededor de mi cuello, cuya existencia tan sólo era conocida por mí. Nunca saqué del sepulcro ninguna de las cosas que encontré entre sus muros.   At last came that which I had long feared. My parents, alarmed at the altered manner and appearance of their only son, commenced to exert over my movements a kindly espionage which threatened to result in disaster. I had told no one of my visits to the tomb, having guarded my secret purpose with religious zeal since childhood; but now I was forced to exercise care in threading the mazes of the wooded hollow, that I might throw off a possible pursuer. My key to the vault I kept suspended from a cord about my neck, its presence known only to me. I never carried out of the sepulcher any of the things I came upon whilst within its walls.
Una mañana, mientras salía de la húmeda tumba y cerraba las cadenas del portal con mano no demasiado firme, advertí en un matorral adyacente el rostro de un observador. Sin duda, el fin estaba cerca; ya que mi enramado había sido descubierto y el objeto de mis salidas nocturnas desvelado. El hombre no se me acercó, por lo que me apresuré a volver a casa en un esfuerzo por espiar lo que pudiera informar a mi preocupado padre. ¿Iban mis estancias más allá de la puerta encadenada a ser reveladas al mundo? Imaginen mi regocijado asombro cuando escuché al espía contar a mi padre con un precavido susurro que yo había pasado la noche en el enramado exterior a la tumba; ¡con mis ojos somnolientos clavados en la hendidura que entreabría la puerta aherrojada! ¿Mediante qué milagro se había visto engañado el observador? Ahora estaba convencido de que un agente sobrenatural me protegía. Envalentonado por tal circunstancia celestial, volví a visitar abiertamente la cripta, seguro de que nadie podría presenciar mi entrada. Durante una semana degusté al completo los placeres de ese osario común que no debo describir, cuando aquello sucedió, y me arrancaron de allí para traerme a este maldito lugar de pesar y monotonía.   One morning as I emerged from the damp tomb and fastened the chain of the portal with none too steady hand, I beheld in an adjacent thicket the dreaded face of a watcher. Surely the end was near; for my bower was discovered, and the objective of my nocturnal journeys revealed. The man did not accost me, so I hastened home in an effort to overhear what he might report to my careworn father. Were my sojourns beyond the chained door about to be proclaimed to the world? Imagine my delighted astonishment on hearing the spy inform my parent in a cautious whisper that I had spent the night in the bower outside the tomb; my sleep-filmed eyes fixed upon the crevice where the padlocked portal stood ajar! By what miracle had the watcher been thus deluded? I was now convinced that a supernatural agency protected me. Made bold by this heaven-sent circumstance, I began to resume perfect openness in going to the vault; confident that no one could witness my entrance. For a week I tasted to the full joys of that charnel conviviality which I must not describe, when the thing happened, and I was borne away to this accursed abode of sorrow and monotony.
No debí salir esa noche, ya que el estigma del trueno ace­chaba en las nubes, y una infernal fosforescencia brotaba del fétido pantano ubicado al fondo de la hondonada. La llamada de los muertos, también, era distinta. En vez de la tumba de la ladera, procedía del calcinado sótano en lo alto, cuyo demonio tutelar me hacía señas con dedos invisibles. Cuando salí de una arboleda intermedia al llano que hay ante las ruinas, contemplé a la brumosa luz lunar, algo que siempre había esperado vaga­mente. La mansión, desaparecida un siglo antes, alzaba una vez más sus majestuosas formas ante la mirada extasiada; cada ven­tana resplandecía con el fulgor de multitud de velas. Por el largo sendero acudían los carruajes de la aristocracia de Boston, al tiempo que una muchedumbre de petimetres empolvados iba llegando a pie desde las mansiones vecinas. Con tal gentío me mezclé, a sabiendas de que mi sitio estaba entre los anfitriones, no entre los invitados. En el salón sonaba la música, risas, y el vino estaba en cada mano. Reconocí algunas caras, aunque las hubiera distinguido mucho mejor de haber estado secas, o con­sumidas por la muerte y la descomposición. Entre una multitud salvaje y audaz yo era el más extravagante y disipado. Alegres blasfemias brotaban a torrentes de mis labios, y mis bruscos chascarrillos no respetaban la ley de Dios, el Hombre o la Naturaleza.   I should not have ventured out that night; for the taint of thunder was in the clouds, and a hellish phosphoresence rose from the rank swamp at the bottom of the hollow. The call of the dead, too, was different. Instead of the hillside tomb, it was the charred cellar on the crest of the slope whose presiding demon beckoned to me with unseen fingers. As I emerged from an intervening grove upon the plain before the ruin. I beheld in the misty moonlight a thing I had always vaguely expected. The mansion, gone for a century, once more reared its stately height to the raptured vision; every window ablaze with the splendor of many candles. Up the long drive rolled the coaches of the Boston gentry, whilst on foot came a numerous assemblage of powdered exquisites from the neighboring mansions. With this throng I mingled, though I knew I belonged with the hosts rather than with the guests. Inside the hall were music, laughter, and wine on every hand. Several faces I recognized; though I should have known them better had they been shriveled or eaten away by death and decomposition. Amidst a wild and reckless throng I was the wildest and most abandoned. Gay blasphemy poured in torrents from my lips, and in shocking sallies I heeded no law of God, or nature.
Súbitamente, un retumbar de trueno, haciéndose oír aún sobre el estrépito de aquella juerga tumultuosa, rasgó el mismo tejado e impuso un soplo de miedo en aquella porcina compañía. Rojas llamaradas y tremendas ráfagas de calor envolvieron la casa, y los concelebrantes, aterrorizados por el descenso de una calamidad que parecía trascender los designios de una naturaleza ciega, huyeron vociferando en la noche. Tan sólo quedé yo, atado a mi asiento por un terror mortal jamás sentido hasta entonces. Y en ese instante un segundo horror tomó posesión de mi alma. Quemado vivo hasta ser reducido a cenizas, mi cuerpo disperso a los cuatro vientos,  ¡jamás podría yacer en la tumba de los Hydes! ¿Acaso no tenía derecho a descansar durante el resto de la eternidad entre los descendientes de sir Geoffrey Hyde? ¡Sí! ¡Reclamaría mi herencia de muerte aun cuando mi espíritu hubiera de buscar durante eras otra morada carnal que la situase en aquella losa vacía del nicho de la cripta. ¡Jervas Hyde!  nunca arrastraría el triste destino de Palinuro!   Suddenly a peal of thunder, resonant even above the din of the swinish revelry, clave the very roof and laid a hush of fear upon the boisterous company. Red tongues of flame and searing gusts of heat engulfed the house; and the roysterers, struck with terror at the descent of a calamity which seemed to transcend the bounds of unguided nature, fled shrieking into the night. I alone remained, riveted to my seat by a groveling fear which I had never felt before. And then a second horror took possession of my soul. Burnt alive to ashes, my body dispersed by the four winds, I might never lie in the tomb of the Hydesi Was not my coffin prepared for me? Had I not a right to rest till eternity amongst the descendants of Sir Geoffrey Hyde? Aye! I would claim my heritage of death, even though my soul go seeking through the ages for another corporeal tenement to represent it on that vacant slab in the alcove of the vault. Jervas Hyde should never share the sad fate of Palinurus!
Mientras el espejismo de la casa ardiente se desvanecía, me encontré gritando y debatiéndome como un loco entre los bra­zos de dos hombres, uno de los cuales era el espía que me había seguido hasta la tumba. La lluvia caía a raudales, y sobre el horizonte sur había fogonazos de los relámpagos que acababan de pasar sobre nuestras cabezas. Mi padre, con el rostro surcado de pesar, no hacía gesto mientras yo le pedía a voces que me dejara reposar en la tumba, advirtiendo con frecuencia a mis captores que me trataran con toda la delicadeza posible. Un círculo oscurecido en el suelo del arruinado sótano indicaba un violento golpe de los cielos, y en esa parte un grupo de aldeanos curiosos con linternas indagaban en una pequeña caja de antigua factura que la caída del rayo había aflorado a la luz.   As the phantom of the burning house faded, I found myself screaming and struggling madly in the arms of two men, one of whom was the spy who had followed me to the tomb. Rain was pouring down in torrents, and upon the southern horizon were flashes of lightning that had so lately passed over our heads. My father, his face lined with sorrow, stood by as I shouted my demands to be laid within the tomb, frequently admonishing my captors to treat me as gently as they could. A blackened circle on the floor of the ruined cellar told of a violent stroke from the heavens; and from this spot a group of curious villagers with lanterns were prying a small box of antique workmanship, which the thunderbolt had brought to light.
Cesando en mis inútiles y ahora sin objeto forcejeos, observé a los espectadores mientras examinaban el hallazgo, y se me permitió participar de su descubrimiento. La caja, cuyos cerrojos habían sido rotos por el golpe que la había desenterrado, contenía multitud de documentos y objetos de valor; pero yo tan sólo tenía ojos para una cosa. Era la miniatura en porcelana de un joven con una elegante peluca de rizos, ostentando las iniciales «J. H.». El rostro era tal y como yo me veía, de suerte que bien pudiera haber estado contemplándome en un espejo.   Ceasing my futile and now objectless writhing, I watched the spectators as they viewed the treasure-trove, and was permitted to share in their discoveries. The box, whose fastenings were broken by the stroke which had unearthed it, contained many papers and objects of value, but I had eyes for one thing alone. It was the porcelain miniature of a young man in a smartly curled bag-wig, and bore the initials 'J. H.' The face was such that as I gazed, I might well have been studying my mirror.
Al día siguiente me trajeron a este cuarto con barrotes en la ventana, pero me he mantenido al tanto de ciertas cosas merced a un sirviente no muy espabilado, y ya de edad, por quien sentí gran cariño durante la infancia, y quién, al igual que yo, ama los cementerios. Lo que me he atrevido a contar de mis experiencias dentro de la cripta tan sólo me ha brindado sonrisas conmiserativas. Mi padre, que me visita a menudo, dice que no he traspasado el portal encadenado, y jura que el herrumbroso cerrojo, cuando él lo examinó, no daba muestras de haber sido tocado en cincuenta años. Incluso afirma que todo el pueblo conocía mis viajes a la tumba, y que con frecuencia me observaban durmiendo en el enramado exterior a la espantosa fachada, los ojos entreabiertos y fijos en el resquicio que conduce al interior. Contra tales afirmaciones carezco de pruebas, ya que mi llave se perdió durante la lucha en esa noche de horror. Las extrañas cosas del pasado que aprendí durante aquellos encuentros nocturnos con los muertos son atribuidos al fruto de mi codicioso e incesante hojear de los viejos volúmenes de la biblioteca familiar. De no haber sido por mi viejo criado Hiram, a estas alturas yo mismo estaría bastante convencido de mi propia locura.   On the following day I was brought to this room with the barred windows, but I have been kept informed of certain things through an aged and simple-minded servitor, for whom I bore a fondness in infancy, and who, like me, loves the churchyard. What I have dared relate of my experiences within the vault has brought me only pitying smiles. My father, who visits me frequently, declares that at no time did I pass the chained portal, and swears that the rusted padlock had not been touched for fifty years when he examined it. He even says that all the village knew of my journeys to the tomb, and that I was often watched as I slept in the bower outside the grim facade, my half-open eyes fixed on the crevice that leads to the interior. Against these assertions I have no tangible proof to offer, since my key to the padlock was lost in the struggle on that night of horrors. The strange things of the past which I have learned during those nocturnal meetings with the dead he dismisses as the fruits of my lifelong and omnivorous browsing amongst the ancient volumes of the family library. Had it not been for my old servant Hiram, I should have by this time become quite convinced of my madness.
Pero Hiram, fiel hasta el final, ha tenido fe en mí y ha provocado lo que me lleva a publicar al menos parte de esta historia. Hace una semana forzó el cerrojo que aseguraba la puerta de la tumba perpetuamente entornada y descendió con una lin­terna a las sombrías profundidades. En una losa, en el interior de un nicho, descubrió un ataúd viejo, pero vacío, en cuya des­lustrada placa reza esta simple palabra: «Jervas.»   But Hiram, loyal to the last, has held faith in me, and has done that which impels me to make public at least part of my story. A week ago he burst open the lock which chains the door of the tomb perpetually ajar, and descended with a lantern into the murky depths. On a slab in an alcove he found an old but empty coffin whose tarnished plate bears the single word: Jervas. In that coffin and in that vault they have promised me I shall be buried.
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