Cuando lloraba yo tanto,
cuando yo tanto sufría
mis penas, sólo mis penas
fueron constantes amigas;
me quedé sin ilusiones
me quedé sin alegrías
volaron mis esperanzas
y en el mar de mi desdicha
pobre y solitario náufrago
sin auxilio me perdía;
llegó un momento supremo
en que aborrecí la vida.
Entonces brilló a lo lejos
una azul playa bendita
la playa del sufrimiento
de las nostalgias divinas;
pensé un instante en la lucha
sol que alumbró muerto día
y me abracé a mis dolores
y salvé mi inútil vida.
¡Penas mías, yo os bendigo!
¡Yo os bendigo, penas mías
negras tablas salvadoras
del perfume de mi vida!
Nunca, nunca me olvidéis
en el mar de mi desdicha
entristeced mis amores
entristeced mis delicias
que yo gozo con las penas
más que con las alegrías
que jamás puedo olvidarme
de aquella playa bendita
en donde me embriagasteis
de las nostalgias divinas.
Todo el oro de mis sueños
todo el amor de mi lira
todas las flores que entreabran<
sus cálices en mis días
todo el fuego de mis ojos
todo el placer de mis risas
es sólo para vosotras
adoradas penas mías
adoradas salvadoras
del perfume de mi vida.
(Almas de violeta 1900)