Es un montón de álamos rumorosos y agudos
Aferrados en medio de la árida llanura.
Las raíces pequeñas de los pastos resecos
Les claman el mensaje soñado de la lluvia.
Y ellos miran las nubes, e interrogan al viento,
Y hacen ¡no!, con la verde cabeza de sus copas.
— ¡Aún el agua demora! — suspiran las gramíneas
Que bajo el sol se enroscan.
Y todo el campo es una ansiedad amarilla
Fija en las copas claras,
De los álamos rectos que son para los pastos
La promesa del agua.
Sus ramajes cimbreantes vocearán la tormenta
Cuando se encuentre cerca.
Raicecitas sufrientes: en cada mata viva
Sustentáis un oído invisible y alerta.