-I-
Soneto primero
A Clori
Sentir de una pasión viva y ardiente
todo el afán, zozobra y agonía;
vivir sin premio un día y otro día;
dudar, sufrir, llorar eternamente;
amar a quien no ama, a quien no siente,
a quien no corresponde ni desvía;
persuadir a quien cree y desconfía;
rogar a quien otorga y se arrepiente;
luchar contra un poder justo y terrible;
temer más la desgracia que la muerte;
morir, en fin, de angustia y de tormento,
víctima de un amor irresistible:
ésta es mi situación, ésta es mi suerte.
¿Y tú quieres, cruel, que esté contento?
- II -
Soneto segundo
A Clori
De agudo mal el golpe no esperado
asusta, Clori, tu preciosa vida,
y al mirarte doliente y afligida,
mi enfermo corazón tiembla asustado.
Dos veces con influjo porfiado
ejerce el mal su saña enfurecida:
una turbando mi alma dolorida,
otra afligiendo tu ánimo angustiado.
¿Cuál, Clori, de los dos, pues la inclemencia
del mal sentimos ambos de consuno,
cuál, dime sufrirá mayor martirio:
tú, en quien se ceba la cruel dolencia,
o yo, que todo el mal siento importuno
de tu misma dolencia y mi delirio?
- III -
Soneto tercero
A Enarda
Bello trasunto del semblante amado,
que acá en mi corazón llevo esculpido,
¿cómo pudo el pincel, aunque regido
de diestra mano, haberte bosquejado?
¿Cómo en humana idea tal dechado
de perfección ser pudo concebido?
¿Por qué milagro en el marfil bruñido
respira y ve mi dueño idolatrado?
Del bello original la gracia, el brío,
el peregrino encanto, el gentil arte,
y hasta el alma, copiados en ti veo.
¡Gracias a su deidad y al amor mío!
Porque sólo pudieron inspirarte
belleza Enarda, y vida mi deseo.