Había una vez una señora llamada Milena que cuidaba a muchas gallinitas en una casita cerca del mercado. Cada mañana, las gallinas salían al campo a buscar bichitos y granitos para comer.
Entre todas había un gallito grande y fuerte. Todos lo llamaban el Rey de las Gallinas, porque cantaba muy alto y siempre quería ir primero.
Un día, el Rey dijo:
—Vamos a buscar comida al otro lado del pueblo.
Pero las gallinas pequeñas respondieron:
—Ay, no… ¡nos da miedo ir tan lejos!
El Rey se enfadó un poquito y se fue solo. Pero pronto descubrió que viajar sin amigos no era tan divertido como pensaba. Cuando volvió a casa, estaba de mal humor y no trató bien a los demás.
Las gallinas, tristes, se fueron a dormir al huerto.
A la mañana siguiente, Milena las encontró y les preguntó:
—¿Qué hacéis aquí, mis pequeñas?
Las gallinas le contaron lo que había pasado con el gallito.
—¡El Rey está muy orgulloso y no es amable con nosotras!, añadieron con tristeza.
Milena las llevó de vuelta para hablar con él.
Pero el Rey seguía diciendo:
—¡Soy el Rey! ¡No necesito a nadie!
Entonces, mientras cantaba muy fuerte desde un árbol, un águila lo escuchó, bajó volando y se lo llevó muy lejos.
Y desde ese día, las gallinas aprendieron que ser amable es mejor que ser el más fuerte.
Moraleja:
En una familia o un grupo, todos somos valiosos, y cuidarnos los unos a los otros nos da felicidad.