Había una vez un león que era el rey de la selva. Zak, que así se llamaba, era querido y respetado por todos. Era valiente y justo, y todos acudían a él en busca de ayuda y consejo.
Un día su carácter cambió y se convirtió en un león cruel y abusivo. Los que antes le respetaban ahora le temían. Su rugido atronador amedrentaba a los habitantes de la selva. Nadie se atrevía a contradecirlo, ni siquiera los animales más fuertes, como los elefantes o los búfalos. Todos bajaban la cabeza cuando él pasaba. Nadie quería molestarlo. Tanto miedo tenían que ya nadie se acordaba del Zak amable.
Las mamás mantenían a sus cachorros apartados del rey Zak y siempre les decían:
“¡Hijitos, no hagáis nada que pueda enfadar a nuestro rey!”
De modo que todos vivían escondidos, temerosos de ser castigados por cualquier travesura.
Pero entre los monos había una pequeña llamada Lita. Era curiosa, juguetona y, sobre todo, valiente. No entendía por qué todos debían temer a Zak.
“¿Mamá, no se supone que un rey debe proteger?¿Por qué estáis asustados cuando Zak está cerca?”, preguntaba a su madre.
“Shhh, Lita, no digas eso en voz alta”, le respondía ella, mirando a su alrededor con miedo.
Un día, Lita encontró a un joven jaguar encerrado en una trampa, y le preguntó por qué estaba allí. El pequeño le contestó que había desobedecido una orden del rey.
Lita sintió pena y quiso liberarlo.
“¡No hagas eso!”, le advirtió un tucán. “Déjalo ahí, Zak lo ha castigado! Dice que es muy peligroso y que nos atacaría. Quiere que sirva como ejemplo. ¡Todo el mundo debe acatar sus órdenes!”
Pero Lita no pudo ignorar el sufrimiento del jaguar. Con sus pequeñas manos, desató los nudos y lo liberó. El jaguar, sorprendido, no la atacó. En cambio, le dijo: “Gracias, pequeña. No lo olvidaré”.
Esa noche, Zak llamó a Lita ante todos los animales.
“¡Has desobedecido mis órdenes! ¡Ese jaguar era un traidor!”, rugió.
Pero Lita, temblando, respondió:
“No podía dejarlo sufrir. Eres el rey, sin duda, pero la autoridad no da derecho a la crueldad".
Zak se abalanzó sobre ella, pero antes de que pudiera alcanzarla, una manada de jaguares, monos, aves y hasta elefantes se interpusieron.
El joven jaguar, ahora libre de las garras del león, dijo:
“Esta pequeña tiene más nobleza que tú, Zak. Ya no te tememos.”
El rugido del león se apagó. Por primera vez, Zak se sintió solo. Comprendió que el respeto no se impone con miedo, sino que se gana con justicia.
Desde entonces, la selva fue gobernada por un consejo de animales, con Lita como símbolo de valentía y bondad.
Moraleja: El poder sin compasión se convierte en tiranía. La verdadera fuerza nace de la bondad, la honradez y el respeto.