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Rubén Darío

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Historia de Psique. Cuento de navidad

Capítulo 2

5 Capítulos

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Descripción de la beldad de Psiquia, y de cómo su padre inició a la princesa en los secretos de la magia.  

 Entre todos los habitantes del reino, era Psiquia una excepción, pues en aquel país de gigantes, en la ciudad monumental, su figura no era desmesurada, antes bien fina y suave, de modo que al lado del rey su padre, coloso de anchas manos y largas crines rojas, tenía el aspecto de una paloma humana o una viva flor de lis. Sus ojos eran dos enigmas azules, sus cabellos resplandecían como impregnados de sol, su boca rosada era la más bella corola: la euritmia de su cuerpo, una gloria de armonía; y cuando su pequeña mano blanca se alzaba, bajábase, blandamente domada, la frente del gran rey de cabeza de león, el cual habíala iniciado en los secretos de la magia, dándole a conocer las palabras poderosas de los ensalmos y de las evocaciones, las frases de las músicas, del aire, las lenguas de las aves, y la íntima comprensión de todo lo que se mueve y vive sobre la faz de la Tierra. Así la princesa reía a sonoras carcajadas cuando escuchaba lo que decían los pájaros del jardín, o se quedaba meditabunda al oír el soliloquio del chorro de una fuente o la plática de los rosales movidos por el viento. 

 Era en verdad bellamente prodigioso el contemplar cómo entre las fieras, tigres, leones, elefantes, panteras negras, que en circos y fosos guardábanse, iba ella como entre corderos, por la virtud de su poder secreto intacta y triunfante, y parecía una reina de la naturaleza que todo lo dominaba con el supremo encanto de su beldad, o mirarla rodeada de las más raras aves, a las cuales oía sus confidencias, o fija, desde su quiosco florido, en los astros del cielo, en los cuales había aprendido a leer. Y sucedió que tan llena de ciencia de magia como estaba, un día amaneció desolada y triste, bañada en lágrimas, y no pronunciaba palabra, como si fuera una estatua de piedra o mármol. 

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