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Marcos Concha Valencia

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Noche de tormenta

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Los árboles lloraban lágrimas de junio en el bosque aledaño al pueblo. La mujer, arrebujada en su manta de castilla, tomó con paso ligero el atajo atosigado de hierbas y ramas.

Atardecía. En lontananza los truenos aporreaban tambores y un fragor de piedras rodaba a las marismas de un mar airado. Sería difícil pensó, mientras soslayaba un viejo chopo vencido y caído en la senda. La niña era muy joven para estos trances, sería todo un desafío salvarla. Un relámpago surgió como una idea iluminada en la conciencia gris del cielo. Los animales corrían a refugiarse en sus madrigueras.

Una luz mortecina se asomaba a la ventanuca de la cabaña. A varios metros comenzó a oír los gritos dolorosos. El viento bramó en los árboles agitados, como impulsados a una danza macabra. Un hombre se parapetaba bajo el alero. Sin anunciarse le abrieron la puerta expectante que dejó salir un gemido cansado, lastimero, desfallecido. La mirada suplicante de la impúber le conmovió el alma. Yacía en un camastro de la única pieza, cocina y dormitorio. El hinchado vientre parecía un hemisferio a punto de explotar. Le hizo tragar el brebaje que traía preparado. La dilatación dejaba ver una cabeza en busca de su salida. Hervía el agua en la olla sobre el hogar.

Varios relámpagos ayudaron a la luz de la vela, y como un flash fotográfico, inmovilizaron la patética escena. Las manos regordetas forzaron las carnes dilatadas a punto de desgarrarse, entrando como tenazas en medio de alaridos moribundos tiraron hacia afuera con delicadeza, como si fuera una gema. La sangre rebosó las cobijas. Un postrer empuje ayudó a las manos atenazadas, el cuerpecito salió a la triste luz, y el llanto se confundió con un trueno. La piel amoratada mostró sus rasgos deformados, abrigados por el fuego. La palidez de la madre competía con la esperma llorosa. Dejó de llover, los goterones tamborilearon en las pozas.

El amanecer demoraba su anunciación, la cabaña se escondió en un marasmo silencioso y despidió a la comadrona que con un alegre farol iluminó el cansado camino de regreso a su hogar.

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4 minutos 21 segundos

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