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H.P Lovecraft en AlbaLearning

H.P. LOVECRAFT

"El Ceremonial - The Festival"

Biografía de Howard Phillips Lovecraft en Wikipedia 
H.P.LOVECRAFT
 
OTRAS OBRAS DEL AUTOR
 
Aire frío *
Celephais
Dagón
De la oscuridad
El alquimista *
El árbol
El caos reptante *
El ceremonial
El extraño
El clérigo malvado 
El grito del muerto
En la cripta 
Ex oblivione 
La bestia de la cueva
La calle
La ciudad sin nombre
La nave blanca
La pradera verde
La torre (+videolibro)
La tumba
Lo innombrable *
Los gatos de Ulthar 
Polaris 
 
Textos Bilingües-Bilingual Texts
H.P. LOVECRAFT
 
El Ceremonial - The Festival
La ciudad sin nombre -La ciudad sin nombre
De la oscuridad - From the dark
El árbol-The tree
El clérigo malvado - The evil clergyman 
El grito del muerto - The scream of the dead
En la cripta - In the Vault 
Ex oblivione - Ex oblivione
La bestia de la cueva - The beast in the cave
La calle - The street
La ciudad sin nombre - The nameless city
La pradera verde - The green medow
La tumba - The tomb
Los gatos de ulthar - The cats of Ulthar 
Polaris-Polaris
 
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EL CEREMONIALESPAÑOL
THE FESTIVAL English text
Me encontraba lejos de casa, y caminaba fascinado por el encanto de la mar oriental. Empezaba a caer la tarde, cuando la oí por primera vez, estrellándose contra las rocas. Entonces me di cuenta de lo cerca que la tenía. Estaba al otro lado del monte, donde los sauces retorcidos recortaban sus siluetas sobre un cielo cuajado de tempranas estrellas. Y porque mis padres me habían pedido que fuese a la vieja ciudad que ahora tenía a paso, proseguí la marcha en medio de aquel abismo de nieve recién caída, por un camino que parecía remontar, solitario, hacia Aldebarán -tembloroso entre los árboles-, para luego bajar a esa antiquísima ciudad, en la que jamás había estado, pero en la que tantas veces he soñado durante mi vida. I was far from home, and the spell of the eastern sea was upon me. In the twilight I heard it pounding on the rocks, and I knew it lay just over the hill where the twisting willows writhed against the clearing sky and the first stars of evening. And because my fathers had called me to the old town beyond, I pushed on through the shallow, new-fallen snow along the road that soared lonely up to where Aldebaran twinkled among the trees; on toward the very ancient town I had never seen but often dreamed of.
Era el Día del Invierno, ese día que los hombres llaman ahora Navidad, aunque en el fondo sepan que ya se celebraba cuando aún no existían ni Belén ni Babilonia ni Menfis ni aun la propia humanidad. Era, pues, el Día del Invierno, y por fin llegaba yo al antiguo pueblo marinero donde había vivido mi raza, mantenedora del ceremonial de tiempos pasados aun en épocas en que estaba prohibido. Al viejo pueblo llegaba, cuyos habitantes habían ordenado a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, que celebraran el ceremonial una vez cada cien años, para que nunca se olvidasen los secretos del mundo originario. Era la mía una raza vieja; ya lo era cuando vino a colonizar estas tierras, hace trescientos años. Y era la mía una gente extraña, gente solapada y furtiva, procedente de los indolentes jardines del Sur, que hablaban otra lengua antes de aprender la de los pescadores de ojos azules. Y ahora estaba esparcida por el mundo, y únicamente se reunía a compartir rituales y misterios que ningún otro viviente podría comprender. Yo era el único que regresaba aquella noche al viejo pueblo pesquero como ordenaba la tradición, pues sólo recuerdan el pobre y el solitario.   It was the Yuletide, that men call Christmas though they know in their hearts it is older than Bethlehem and Babylon, older than Memphis and mankind. It was the Yuletide, and I had come at last to the ancient sea town where my people had dwelt and kept festival in the elder time when festival was forbidden; where also they had commanded their sons to keep festival once every century, that the memory of primal secrets might not be forgotten. Mine were an old people, and were old even when this land was settled three hundred years before. And they were strange, because they had come as dark furtive folk from opiate southern gardens of orchids, and spoken another tongue before they learnt the tongue of the blue-eyed fishers. And now they were scattered, and shared only the rituals of mysteries that none living could understand. I was the only one who came back that night to the old fishing town as legend bade, for only the poor and the lonely remember.
Después, al coronar la cuesta del monte, dominé la vista de Kingsport, adormecido en el frío del anochecer, nevado, con sus muelles, los puentes, los sauces y cementerios. Los interminables laberintos de calles abruptas, estrechas y retorcidas, serpenteaban hasta lo alto de la colina donde se alzaba el centro de la ciudad, coronado por una iglesia extraña que el tiempo parecía no haber osado tocar. Una infinidad de casas coloniales se amontonaban en todos los sentidos y niveles, como las abigarradas construcciones de madera de algún niño. Las alas grises del tiempo parecían cernerse sobre los tejados y las nevadas buhardillas. Los faroles y las ventanas emitían en la oscuridad unos reflejos que iban a juntarse con Orión y las estrellas primordiales. Y la mar rompía incesante contra los muelles miserables, aquella mar de la que emergiera nuestro pueblo en los viejos tiempos.

  Then beyond the hill’s crest I saw Kingsport outspread frostily in the gloaming; snowy Kingsport with its ancient vanes and steeples, ridgepoles and chimney-pots, wharves and small bridges, willow-trees and graveyards; endless labyrinths of steep, narrow, crooked streets, and dizzy church-crowned central peak that time durst not touch; ceaseless mazes of colonial houses piled and scattered at all angles and levels like a child’s disordered blocks; antiquity hovering on grey wings over winter-whitened gables and gambrel roofs; fanlights and small-paned windows one by one gleaming out in the cold dusk to join Orion and the archaic stars. And against the rotting wharves the sea pounded; the secretive, immemorial sea out of which the people had come in the elder time.
Junto al camino, una vez arriba de la cuesta, había una colina yerma barrida por el viento. No tardé en ver que se trataba de un cementerio, en donde las negras lápidas surgían de la nieve como las uñas destrozadas de un cadáver gigantesco. El camino, sin huella alguna del tráfico, estaba solitario. Únicamente me parecía oír, de cuando en cuando, unos crujidos como de una horca estremecida por el viento. En 1692 ahorcaron a cuatro de mi raza por brujería.   Beside the road at its crest a still higher summit rose, bleak and windswept, and I saw that it was a burying-ground where black gravestones stuck ghoulishly through the snow like the decayed fingernails of a gigantic corpse. The printless road was very lonely, and sometimes I thought I heard a distant horrible creaking as of a gibbet in the wind. They had hanged four kinsmen of mine for witchcraft in 1692, but I did not know just where.
Una vez que la carretera comenzó a descender hacia la mar, presté atención por si oía el alegre bullicio de los pueblos al anochecer, pero no oí nada. Entonces recordé la época en que estábamos, y se me ocurrió que el viejo pueblo puritano conservaría tal vez costumbres navideñas, extrañas para mi, y que entonces estaría entregado a silenciosas oraciones. Así que abandoné mis esperanzas de oír el bullicio propio de estas fiestas, dejé de buscar viajeros con la mirada, y seguí mi camino. Fui dejando atrás, a uno y otro lado, las silenciosas casas de campo con sus luces ya encendidas. Después me interné entre las oscuras paredes de piedra, en las que el aire salitroso mecía las chirriantes enseñas de antiguas tiendas y tabernas marineras. Las grotescas aldabas de las puertas, bajo los soportales, brillaban a lo largo de los callejones desiertos reflejando la escasa luz que se escapaba de las estrechas ventanas encortinadas.   As the road wound down the seaward slope I listened for the merry sounds of a village at evening, but did not hear them. Then I thought of the season, and felt that these old Puritan folk might well have Christmas customs strange to me, and full of silent hearthside prayer. So after that I did not listen for merriment or look for wayfarers, but kept on down past the hushed lighted farmhouses and shadowy stone walls to where the signs of ancient shops and sea-taverns creaked in the salt breeze, and the grotesque knockers of pillared doorways glistened along deserted, unpaved lanes in the light of little, curtained windows.
Traía conmigo el plano de la ciudad y sabía dónde se encontraba la casa de los míos. Se me había dicho que sería reconocido y que me darían acogida, porque la tradición del pueblo posee una vida muy larga. De modo que apresuré el paso y entré en Back Street hasta llegar a Circle Court; luego continué por Green Lane única calle pavimentada de la ciudad, que va a desembocar detrás del Edificio del Mercado. Aún servía el antiguo plano, y no me tropecé con dificultades. Sin embargo, en Arkham me habían mentido al decirme que había tranvías; al menos yo no veía redes de cables aéreos por ninguna parte. En cuanto a los raíles, es posible que los ocultara la nieve. Me alegré de tener que caminar, porque la ciudad, revestida de blanco, me parecía muy hermosa desde el monte. Por otra parte, estaba impaciente por llamar a la puerta de los míos, por llegar a esa séptima casa de Green Lane, a mano izquierda, de tejado puntiagudo y doble planta, que databa de antes de 1650.   I had seen maps of the town, and knew where to find the home of my people. It was told that I should be known and welcomed, for village legend lives long; so I hastened through Back Street to Circle Court, and across the fresh snow on the one full flagstone pavement in the town, to where Green Lane leads off behind the Market house. The old maps still held good, and I had no trouble; though at Arkham they must have lied when they said the trolleys ran to this place, since I saw not a wire overhead. Snow would have hid the rails in any case. I was glad I had chosen to walk, for the white village had seemed very beautiful from the hill; and now I was eager to knock at the door of my people, the seventh house on the left in Green Lane, with an ancient peaked roof and jutting second story, all built before 1650.
Había luces en el interior y, por lo que pude apreciar a través de la vidriera de rombos de la ventana, todo se conservaba tal y como debió de ser en aquellos tiempos. El piso superior se inclinaba por encima del estrecho callejón invadido de yerba y casi tocaba el edificio de enfrente, que también se inclinaba peligrosamente, formando casi un túnel por donde caminaba yo. Los peldaños del umbral estaban enteramente limpios de nieve. No había aceras y muchas casas tenían la puerta muy por encima del nivel de la calle, llegándose hasta ella por un doble tramo de escaleras con barandilla de hierro. Era un escenario verdaderamente singular; acaso me pareció tan extraño por ser yo extranjero en Nueva Inglaterra. Pero me gustaba, y aún me hubiera resultado más encantador si hubiera visto pisadas en la nieve, gentes en las calles y alguna ventana con las cortinillas descorridas.   There were lights inside the house when I came upon it, and I saw from the diamond window-panes that it must have been kept very close to its antique state. The upper part overhung the narrow grass-grown street and nearly met the overhanging part of the house opposite, so that I was almost in a tunnel, with the low stone doorstep wholly free from snow. There was no sidewalk, but many houses had high doors reached by double flights of steps with iron railings. It was an odd scene, and because I was strange to New England I had never known its like before. Though it pleased me, I would have relished it better if there had been footprints in the snow, and people in the streets, and a few windows without drawn curtains.
Al dar los golpes con aquella vieja aldaba de hierro, me sentí preso de una alarma repentina. Se despertó en mí cierto temor que fue tomando consistencia, debido tal vez a la rareza de mi estirpe, al frío de la noche o al silencio impresionante de la vieja ciudad de costumbres extrañas. Y cuando, en respuesta a mi llamada, se abrió la puerta con un chirrido quejumbroso, me estremecí de verdad, ya que no había oído pasos en el interior. Pero el susto pasó en seguida: el anciano que me atendió, vestido con traje de calle y en zapatillas, tenía un rostro afable que me ayudó a recuperar mi seguridad; y aunque me dio a entender por señas que era mudo, escribió con su punzón, en una tablilla de cera que traía, una curiosa y antigua frase de bienvenida.   When I sounded the archaic iron knocker I was half afraid. Some fear had been gathering in me, perhaps because of the strangeness of my heritage, and the bleakness of the evening, and the queerness of the silence in that aged town of curious customs. And when my knock was answered I was fully afraid, because I had not heard any footsteps before the door creaked open. But I was not afraid long, for the gowned, slippered old man in the doorway had a bland face that reassured me; and though he made signs that he was dumb, he wrote a quaint and ancient welcome with the stylus and wax tablet he carried.
Me señaló con un gesto una sala baja iluminada por velas. Tenía la pieza gruesas vigas de madera y recio y escaso mobiliario del siglo XVII. Aquí, el pasado recobrara vida; no faltaba ningún detalle. Me llamaron la atención la chimenea, de campana cavernosa, y una rueca sobre la que una vieja, ataviada con ropas holgadas y bonete de paño, de espaldas a mí, se inclinaba afanosa pese a la festividad del día. Reinaba una humedad indefinida en la estancia, y por ello me extrañó que no tuvieran fuego encendido. Había un banco de alto respaldo colocado de cara a la fila de ventanas encortinadas de la izquierda, y me pareció que había alguien sentado en él, aunque no estaba seguro. No me gustaba nada de lo que veía allí y nuevamente sentí temor. Y mi temor fue en aumento, porque cuanto más miraba el rostro suave de aquel anciano, más repugnante me parecía su suavidad. No pestañeaba, y su color era demasiado parecido al de la cera. Por último llegué a la plena convicción de que aquello no era un rostro sino una máscara confeccionada con diabólica habilidad. Entonces sus flojas manos, curiosamente enguantadas, escribieron con pasmosa soltura en la tablilla, informándome de que yo debía esperar un rato antes de ser conducido al sitio donde se celebraría el ceremonial.   He beckoned me into a low, candle-lit room with massive exposed rafters and dark, stiff, sparse furniture of the seventeenth century. The past was vivid there, for not an attribute was missing. There was a cavernous fireplace and a spinning-wheel at which a bent old woman in loose wrapper and deep poke-bonnet sat back toward me, silently spinning despite the festive season. An indefinite dampness seemed upon the place, and I marvelled that no fire should be blazing. The high-backed settle faced the row of curtained windows at the left, and seemed to be occupied, though I was not sure. I did not like everything about what I saw, and felt again the fear I had had. This fear grew stronger from what had before lessened it, for the more I looked at the old man’s bland face the more its very blandness terrified me. The eyes never moved, and the skin was too like wax. Finally I was sure it was not a face at all, but a fiendishly cunning mask. But the flabby hands, curiously gloved, wrote genially on the tablet and told me I must wait a while before I could be led to the place of festival.
Me señaló una silla, una mesa, un montón de libros, y salió de la estancia. Al echar mano de los libros, vi que se trataba de volúmenes muy antiguos y mohosos. Entre ellos estaban el viejo tratado sobre las Maravillas de la Naturaleza de Morryster, el terrible Saducismus Triumphatus de Joseph Glanvil, publicado en 1681; la espantosa Daemonolatreia de Remigius, impresa en 1595 en Lyon, y el peor de todos, el incalificable Necronomicon, del loco Abdul Alhazred, en la excomulgada traducción latina de Olaus Wormius. Era éste un libro que jamás había tenido en mis manos, pero del cual había oído decir cosas monstruosas. Nadie me dirigió la palabra; lo único que turbaba el silencio eran los aullidos del viento en el exterior y el girar de la rueca mientras la vieja seguía con su silencioso hilar. Tanto la estancia como aquella gente y aquellos libros me daban una extraña impresión de morbosidad e inquietud; pero, puesto que se trataba de una antigua tradición de mis antepasados, en virtud de la cual se me había convocado para tan extraña conmemoración, pensé que debía esperarme las cosas más peregrinas. Conque me puse a leer. Interesado por un tema que había encontrado en el Necronomicon, no tardé en darme cuenta que la lectura aquella me encogía el corazón. Se trataba de una leyenda demasiado espantosa para la razón y la conciencia. Luego experimenté un sobresalto, al oír que se cerraba una de las ventanas situadas delante del banco de alto respaldo. Parecía como si la hubiesen abierto furtivamente. A continuación se oyó un rumor que no provenía de la rueca. Sin embargo, no pude distinguirlo bien porque la vieja trabajaba afanosamente y, justo en aquel momento, el vetusto reloj se puso a tocar. Después, la idea de que había personas en el banco se me fue de la cabeza, y me sumí en la lectura hasta que regresó el anciano, con botas esta vez, vestido con holgados ropajes antiguos, y se sentó en aquel mismo banco, de forma que no le pude ver ya. Era enervante aquella espera, y el libro impío que tenía en mis manos me desazonaba más aún. Al dar las once, el viejo se levantó, se acercó a un enorme cofre que había en un rincón, y extrajo dos capas con caperuza; se puso una de ellas, y con la otra envolvió a la vieja, que dejó de hilar en ese momento. Luego, ambos se dirigieron hacia la puerta. La mujer arrastraba una pierna. El viejo, después de coger el mismísimo libro que había estado leyendo yo, me hizo una seña y se cubrió con la caperuza su rostro inmóvil o... o su máscara.   Pointing to a chair, table, and pile of books, the old man now left the room; and when I sat down to read I saw that the books were hoary and mouldy, and that they included old Morryster’s wildMarvells of Science, the terrible Saducismus Triumphatus of Joseph Glanvill, published in 1681, the shocking Daemonolatreia of Remigius, printed in 1595 at Lyons, and worst of all, the unmentionableNecronomicon of the mad Arab Abdul Alhazred, in Olaus Wormius’ forbidden Latin translation; a book which I had never seen, but of which I had heard monstrous things whispered. No one spoke to me, but I could hear the creaking of signs in the wind outside, and the whir of the wheel as the bonneted old woman continued her silent spinning, spinning. I thought the room and the books and the people very morbid and disquieting, but because an old tradition of my fathers had summoned me to strange feastings, I resolved to expect queer things. So I tried to read, and soon became tremblingly absorbed by something I found in that accursed Necronomicon; a thought and a legend too hideous for sanity or consciousness. But I disliked it when I fancied I heard the closing of one of the windows that the settle faced, as if it had been stealthily opened. It had seemed to follow a whirring that was not of the old woman’s spinning-wheel. This was not much, though, for the old woman was spinning very hard, and the aged clock had been striking. After that I lost the feeling that there were persons on the settle, and was reading intently and shudderingly when the old man came back booted and dressed in a loose antique costume, and sat down on that very bench, so that I could not see him. It was certainly nervous waiting, and the blasphemous book in my hands made it doubly so. When eleven struck, however, the old man stood up, glided to a massive carved chest in a corner, and got two hooded cloaks; one of which he donned, and the other of which he draped round the old woman, who was ceasing her monotonous spinning. Then they both started for the outer door; the woman lamely creeping, and the old man, after picking up the very book I had been reading, beckoning me as he drew his hood over that unmoving face or mask.
Salimos a la tenebrosa y enmarañada red de callejuelas de aquella ciudad increíblemente antigua. A partir de ese momento, las luces se fueron apagando una a una tras las cortinas de las ventanas, y Sirio contempló la muchedumbre de figuras encapuchadas que surgían en silencio de todas las puertas y formaban una monstruosa procesión a lo largo de la calle, hasta más allá de las enseñas chirriantes, de los edificios de tejados inmemoriales, de los de techumbre de paja, y de las casas de ventanas adornadas con vidrieras de rombos. La procesión fue recorriendo callejones empinados, cuyas casas leprosas se recostaban unas contra otras o se derrumbaban juntas, y atravesó plazas y atrios de iglesias y los faroles de las multitudes compusieron constelaciones vertiginosas y fantásticas.   We went out into the moonless and tortuous network of that incredibly ancient town; went out as the lights in the curtained windows disappeared one by one, and the Dog Star leered at the throng of cowled, cloaked figures that poured silently from every doorway and formed monstrous processions up this street and that, past the creaking signs and antediluvian gables, the thatched roofs and diamond-paned windows; threading precipitous lanes where decaying houses overlapped and crumbled together, gliding across open courts and churchyards where the bobbing lanthorns made eldritch drunken constellations.
Yo caminaba junto a mis guías mudos, en medio de una muchedumbre silenciosa. Iba empujado por codos que se me antojaban de una blandura sobrenatural, estrujado por barrigas y pechos anormalmente pulposos, y no obstante seguía sin ver un rostro ni oír una voz. Las columnas espectrales ascendían más y más por las interminables cuestas y todos se iban aglomerando a medida que se acercaban a los lóbregos callejones que desembocaban en la cumbre, centro de la ciudad, donde se elevaba una inmensa iglesia blanca. Ya la había visto antes, desde lo alto del camino, cuando me detuve a contemplar Kingsport en las últimas luces del atardecer y me estremecí al imaginar que Aldebarán había temblado un instante por encima de su torre fantasmal.   Amid these hushed throngs I followed my voiceless guides; jostled by elbows that seemed preternaturally soft, and pressed by chests and stomachs that seemed abnormally pulpy; but seeing never a face and hearing never a word. Up, up, up the eerie columns slithered, and I saw that all the travellers were converging as they flowed near a sort of focus of crazy alleys at the top of a high hill in the centre of the town, where perched a great white church. I had seen it from the road’s crest when I looked at Kingsport in the new dusk, and it had made me shiver because Aldebaran had seemed to balance itself a moment on the ghostly spire.
Había un espacio despejado alrededor de la iglesia. En parte era cementerio parroquial y, en parte, plaza medio pavimentada, flanqueada por unas casas enfermas de puntiagudos tejados y aleros vacilantes, donde el viento azotaba y barría la nieve. Los fuegos fatuos danzaban por encima de las tumbas revelando un espeluznante espectáculo sin sombras. Más allá del cementerio, donde ya no había casas, pude contemplar de nuevo el parpadeo de las estrellas sobre el puerto. El pueblo era invisible en la oscuridad. Sólo de cuando en cuando se veía oscilar algún farol por las serpenteantes callejas, delatando a algún retrasado que corría para alcanzar a la multitud que ahora entraba silenciosa en el templo. Esperé a que terminaran todos de cruzar el pórtico para que acabaran así los empujones. El viejo me tiró de la manga, pero yo estaba decidido a entrar el último. Cruzamos el umbral y nos adentramos en el templo rebosante y oscuro. Me volví para mirar hacia el exterior; la fosforescencia del cementerio parroquial derramaba un resplandor enfermizo sobre la plaza pavimentada. Y de pronto, sentí un escalofrío: aunque el viento había barrido la nieve, aún quedaban rodales sobre el mismo camino que conducía al pórtico. Y sobre aquella nieve, para asombro mío, no descubrí ni una sola huella de pies, ni siquiera de los míos.   There was an open space around the church; partly a churchyard with spectral shafts, and partly a half-paved square swept nearly bare of snow by the wind, and lined with unwholesomely archaic houses having peaked roofs and overhanging gables. Death-fires danced over the tombs, revealing gruesome vistas, though queerly failing to cast any shadows. Past the churchyard, where there were no houses, I could see over the hill’s summit and watch the glimmer of stars on the harbour, though the town was invisible in the dark. Only once in a while a lanthorn bobbed horribly through serpentine alleys on its way to overtake the throng that was now slipping speechlessly into the church. I waited till the crowd had oozed into the black doorway, and till all the stragglers had followed. The old man was pulling at my sleeve, but I was determined to be the last. Then I finally went, the sinister man and the old spinning woman before me. Crossing the threshold into that swarming temple of unknown darkness, I turned once to look at the outside world as the churchyard phosphorescence cast a sickly glow on the hill-top pavement. And as I did so I shuddered. For though the wind had not left much snow, a few patches did remain on the path near the door; and in that fleeting backward look it seemed to my troubled eyes that they bore no mark of passing feet, not even mine.
La iglesia apenas resultaba iluminada, a pesar de todas las luces que habían entrado, porque la mayor parte de la multitud había desaparecido. Todos se dirigían por las naves laterales, sorteando los bancos, hacia una abertura que había al pie del púlpito, y se deslizaban por ella sin hacer el menor ruido. Avancé en silencio; me metí en la abertura y comencé a bajar por los gastados peldaños que conducían a una cripta oscura y sofocante. La cola sinuosa de la procesión era enorme. El verlos a todos rebullendo en el interior de aquel sepulcro venerable me pareció horrible de verdad. Entonces me di cuenta de que el suelo de la cripta tenía otra abertura por la que también se deslizaba la multitud, y un momento después nos encontrábamos todos descendiendo por una escalera abominable -húmeda, impregnada de un color muy peculiar- que se enroscaba interminablemente en las entrañas de la tierra, entre muros de chorreantes bloques de piedra y yeso desintegrado. Era un descenso silencioso y horrible. Al cabo de muchísimo tiempo, observé que los peldaños ya no eran de piedra y argamasa, sino que estaban tallados en la roca viva. Lo que más me asombraba era que los miles de pies no produjeran ruido ni eco alguno. Después de un descenso que duro una eternidad, vi unos pasadizos laterales o túneles que, desde ignorados nichos de tinieblas, conducían a este misterioso acceso vertical. Los pasadizos aquellos no tardaron en hacerse excesivamente numerosos. Eran como impías catacumbas de apariencia amenazadora, y el acre olor a descomposición que despedían fue aumentando hasta hacerse completamente insoportable. Seguramente habíamos bajado hasta la base de la montaña, y quizá estábamos por debajo incluso del nivel de Kingsport. Me asustaba pensar en la antigüedad de aquella población infestada, socavada por aquellos subterráneos corrompidos.   The church was scarce lighted by all the lanthorns that had entered it, for most of the throng had already vanished. They had streamed up the aisle between the high white pews to the trap-door of the vaults which yawned loathsomely open just before the pulpit, and were now squirming noiselessly in. I followed dumbly down the footworn steps and into the dank, suffocating crypt. The tail of that sinuous line of night-marchers seemed very horrible, and as I saw them wriggling into a venerable tomb they seemed more horrible still. Then I noticed that the tomb’s floor had an aperture down which the throng was sliding, and in a moment we were all descending an ominous staircase of rough-hewn stone; a narrow spiral staircase damp and peculiarly odorous, that wound endlessly down into the bowels of the hill past monotonous walls of dripping stone blocks and crumbling mortar. It was a silent, shocking descent, and I observed after a horrible interval that the walls and steps were changing in nature, as if chiselled out of the solid rock. What mainly troubled me was that the myriad footfalls made no sound and set up no echoes. After more aeons of descent I saw some side passages or burrows leading from unknown recesses of blackness to this shaft of nighted mystery. Soon they became excessively numerous, like impious catacombs of nameless menace; and their pungent odour of decay grew quite unbearable. I knew we must have passed down through the mountain and beneath the earth of Kingsport itself, and I shivered that a town should be so aged and maggoty with subterraneous evil.
Luego vi el cárdeno resplandor de una luz desmayada y oí el murmullo insidioso de las aguas tenebrosas. Sentí un nuevo escalofrío; no me gustaban las cosas que estaban sucediendo aquella noche. Ojalá que ningún antepasado mío hubiera exigido mi asistencia a un rito de ese género. En el momento en que los peldaños y los pasadizos se hicieron más amplios hice otro descubrimiento: percibí el doliente acento burlesco de una flauta; y súbitamente, se extendió ante mí el paisaje ilimitado de un mundo interior: una inmensa costa fungosa, iluminada por una columna de fuego verde y bañada por un vasto río oleaginoso que manaba de unos abismos espantosos, insospechados, y corría a unirse con las simas negras del océano inmemorial.   Then I saw the lurid shimmering of pale light, and heard the insidious lapping of sunless waters. Again I shivered, for I did not like the things that the night had brought, and wished bitterly that no forefather had summoned me to this primal rite. As the steps and the passage grew broader, I heard another sound, the thin, whining mockery of a feeble flute; and suddenly there spread out before me the boundless vista of an inner world—a vast fungous shore litten by a belching column of sick greenish flame and washed by a wide oily river that flowed from abysses frightful and unsuspected to join the blackest gulfs of immemorial ocean.
Desfallecido, con la respiración agitada, contemplé aquel Averno profano de leproso resplandor y aguas mucilaginosas; la muchedumbre encapuchada formó un semicírculo alrededor de la columna de fuego. Era el rito del Invierno, más antiguo que el género humano y destinado a sobrevivirle, el rito primordial que prometía solsticio y primavera después de las nieves; el rito del fuego, del eterno verdor, de la luz y de la música. Y en aquella gruta estigia vi cómo ejecutaban todos el rito y adoraban la nauseabunda columna de fuego y arrojaban al agua puñados de viscosa vegetación que resplandecía con una fosforescencia pálida y verdosa. Y vi también, fuera del alcance de la luz, un bulto amorfo, achaparrado, que tocaba la flauta de modo repugnante. Y mientras tañía la criatura monstruosa, me pareció oír también unas notas apagadas en la fétida oscuridad donde nada podía ver. Pero lo que más me llenaba de espanto era la columna de fuego. Brotaba como un surtidor volcánico de las negras profundidades; no arrojaba sombras como una llama normal, y bañaba las rocas salitrosas de un verdor sucio y venenoso. Toda aquella hirviente combustión no producía calor, sino únicamente la viscosidad de la muerte y la corrupción.   Fainting and gasping, I looked at that unhallowed Erebus of titan toadstools, leprous fire, and slimy water, and saw the cloaked throngs forming a semicircle around the blazing pillar. It was the Yule-rite, older than man and fated to survive him; the primal rite of the solstice and of spring’s promise beyond the snows; the rite of fire and evergreen, light and music. And in the Stygian grotto I saw them do the rite, and adore the sick pillar of flame, and throw into the water handfuls gouged out of the viscous vegetation which glittered green in the chlorotic glare. I saw this, and I saw something amorphously squatted far away from the light, piping noisomely on a flute; and as the thing piped I thought I heard noxious muffled flutterings in the foetid darkness where I could not see. But what frightened me most was that flaming column; spouting volcanically from depths profound and inconceivable, casting no shadows as healthy flame should, and coating the nitrous stone above with a nasty, venomous verdigris. For in all that seething combustion no warmth lay, but only the clamminess of death and corruption.
El hombre que me había guiado se escurrió ahora hasta colocarse junto a la horrible llama y ejecutó unos rígidos ademanes rituales hacia el semicírculo que le miraba. En determinados momentos del ceremonial, los asistentes rindieron homenaje de acatamiento, especialmente cuando levantó por encima de su cabeza aquel detestable Necronomicon que llevaba consigo. Yo también tomé parte en todas las reverencias, puesto que había sido convocado a esta ceremonia de acuerdo con los escritos de mis antecesores. Después, el viejo hizo una señal al que tocaba la flauta en la oscuridad; éste cambió su débil zumbido por un tono más audible, provocando con ello un horror inimaginable e inesperado. Faltó poco para que me desplomara sobre el limo de la tierra, traspasado por un espanto que no provenía de este mundo ni de ninguno, sino de los espacios enloquecedores que se abren entre las estrellas.   The man who had brought me now squirmed to a point directly beside the hideous flame, and made stiff ceremonial motions to the semicircle he faced. At certain stages of the ritual they did grovelling obeisance, especially when he held above his head that abhorrent Necronomicon he had taken with him; and I shared all the obeisances because I had been summoned to this festival by the writings of my forefathers. Then the old man made a signal to the half-seen flute-player in the darkness, which player thereupon changed its feeble drone to a scarce louder drone in another key; precipitating as it did so a horror unthinkable and unexpected. At this horror I sank nearly to the lichened earth, transfixed with a dread not of this nor any world, but only of the mad spaces between the stars.
En la negrura inconcebible, más allá del resplandor gangrenoso de la fría llama, en las tartáreas regiones a través de las cuales se retorcía aquel río oleaginoso, extraño, insospechado, apareció danzando rítmicamente una horda de mansos, híbridos seres alados que ningún ojo, ningún cerebro en su sano juicio, ha podido contemplar jamás. No eran cuervos, ni topos, ni buharros, ni hormigas, ni vampiros, ni seres humanos en descomposición; eran algo que no consigo -y no debo- recordar. Daban saltos blandos y torpes, impulsándose a medias con sus pies palmeados y a medias con sus alas membranosas. Y cuando llegaron hasta la muchedumbre de celebrantes, las figuras encapuchadas se agarraron a ellos, montaron a horcajadas, y se alejaron cabalgando, uno tras otro, a lo largo de aquel río tenebroso, hacia unos pozos y galerías donde venenosos manantiales alimentan el caudal tumultuoso y horrible de las negras cataratas.   Out of the unimaginable blackness beyond the gangrenous glare of that cold flame, out of the Tartarean leagues through which that oily river rolled uncanny, unheard, and unsuspected, there flopped rhythmically a horde of tame, trained, hybrid winged things that no sound eye could ever wholly grasp, or sound brain ever wholly remember. They were not altogether crows, nor moles, nor buzzards, nor ants, nor vampire bats, nor decomposed human beings; but something I cannot and must not recall. They flopped limply along, half with their webbed feet and half with their membraneous wings; and as they reached the throng of celebrants the cowled figures seized and mounted them, and rode off one by one along the reaches of that unlighted river, into pits and galleries of panic where poison springs feed frightful and undiscoverable cataracts.
La vieja hilandera se había marchado con los demás, y el viejo se había quedado, porque yo me negué a cabalgar sobre una de aquellas bestias como los otros. El flautista amorfo había desaparecido, pero dos de aquellas bestias permanecían allí pacientemente. Al resistirme a cabalgar, el viejo sacó su punzón y su tablilla, y me comunicó por escrito que él era el verdadero delegado de aquellos antepasados míos que habían fundado el culto al Invierno en este mismo venerable lugar, que había sido decretado que yo volviera allí, y que faltaban por celebrarse los misterios más recónditos. Escribió todo esto en un estilo muy antiguo, y aún dudaba yo cuando sacó de sus amplios ropajes un sello y un reloj con las armas de mi familia, para probar que todo era según había dicho él. Pero la prueba era espantosa, porque yo sabía por ciertos documentos antiquísimos que aquel reloj había sido enterrado con el tatarabuelo de mi tatarabuelo en 1698.   The old spinning woman had gone with the throng, and the old man remained only because I had refused when he motioned me to seize an animal and ride like the rest. I saw when I staggered to my feet that the amorphous flute-player had rolled out of sight, but that two of the beasts were patiently standing by. As I hung back, the old man produced his stylus and tablet and wrote that he was the true deputy of my fathers who had founded the Yule worship in this ancient place; that it had been decreed I should come back, and that the most secret mysteries were yet to be performed. He wrote this in a very ancient hand, and when I still hesitated he pulled from his loose robe a seal ring and a watch, both with my family arms, to prove that he was what he said. But it was a hideous proof, because I knew from old papers that that watch had been buried with my great-great-great-great-grandfather in 1698.
Al poco rato, el viejo echó hacia atrás su capucha y me mostró el parecido familiar de su rostro; pero aquello me hizo estremecer, porque yo estaba convencido de que se trataba solamente de una diabólica máscara de cera. Las dos bestias voladoras aguardaban y arañaban inquietas los líquenes del suelo, y me di cuenta de que el viejo estaba a punto de perder la paciencia. Cuando uno de aquellos animales comenzó a moverse, alejándose del lugar, el viejo se volvió rápidamente y lo detuvo, de suerte que, con la rapidez del movimiento, se le desprendió la máscara que llevaba en el lugar correspondiente a la cabeza. Y entonces, al ver que aquella pesadilla se interponía entre la escalera de piedra y yo, me arrojé al fondo oleaginoso del río pensando que sin duda desembocaría, por alguna cavidad, en el fondo del océano. Me lancé en aquel jugo pútrido de las entrañas de la tierra antes que mis locos chillidos pudieran hacer caer sobre mí las legiones de cadáveres que aquellos abismos pestilentes ocultaban.   Presently the old man drew back his hood and pointed to the family resemblance in his face, but I only shuddered, because I was sure that the face was merely a devilish waxen mask. The flopping animals were now scratching restlessly at the lichens, and I saw that the old man was nearly as restless himself. When one of the things began to waddle and edge away, he turned quickly to stop it; so that the suddenness of his motion dislodged the waxen mask from what should have been his head. And then, because that nightmare’s position barred me from the stone staircase down which we had come, I flung myself into the oily underground river that bubbled somewhere to the caves of the sea; flung myself into that putrescent juice of earth’s inner horrors before the madness of my screams could bring down upon me all the charnel legions these pest-gulfs might conceal.
En el hospital me dijeron que me habían encontrado en el puerto de Kingsport, medio helado, al amanecer, aferrado a un madero providencial. Me dijeron que la noche anterior me había extraviado por los acantilados de Orange Port, cosa que habían deducido por las huellas que encontraron en la nieve. No hice ningún comentario. Mi cabeza era un caos. Nada encajaba con mi experiencia de la noche anterior. Los ventanales del hospital se abrían a un panorama de tejados de los que apenas uno de cada cinco podía considerarse antiguo. Las calles vibraban con el estrépito de tranvías y automóviles. Me insistieron en que esto era Kingsport, cosa que yo no pude negar. Al verme caer en un estado de delirio cuando me enteré de que el hospital se encontraba cerca del cementerio parroquial de Central Hill, me trasladaron al Hospital St. Mary, de Arkham, donde me atenderían mejor. Me gustó, en efecto, porque los médicos eran de mentalidad más abierta, y aun me ayudaron, ya que gracias a su influencia pude conseguir un ejemplar del censurable Necronomicon de Alhazred, celosamente guardado en la Biblioteca de la Universidad del Miskatonic. Dijeron que sufría una especie de «psicosis» y convinieron en que el mejor sistema de alejar las obsesiones de mi cerebro era provocar mi cansancio a base de permitirme ahondar en el tema.   At the hospital they told me I had been found half frozen in Kingsport Harbour at dawn, clinging to the drifting spar that accident sent to save me. They told me I had taken the wrong fork of the hill road the night before, and fallen over the cliffs at Orange Point; a thing they deduced from prints found in the snow. There was nothing I could say, because everything was wrong. Everything was wrong, with the broad window shewing a sea of roofs in which only about one in five was ancient, and the sound of trolleys and motors in the streets below. They insisted that this was Kingsport, and I could not deny it. When I went delirious at hearing that the hospital stood near the old churchyard on Central Hill, they sent me to St. Mary’s Hospital in Arkham, where I could have better care. I liked it there, for the doctors were broad-minded, and even lent me their influence in obtaining the carefully sheltered copy of Alhazred’s objectionable Necronomicon from the library of Miskatonic University. They said something about a “psychosis”, and agreed I had better get any harassing obsessions off my mind.
De esta suerte llegué a leer el espantoso capítulo aquel, y me estremecí doblemente, puesto que no era nuevo para mí: lo que contaba, lo había visto yo, dijeran lo que dijesen las huellas de mis pies, y era mejor olvidar el sitio donde lo había presenciado. Nadie durante el día me lo hacía recordar; pero mis sueños son aterradores a causa de ciertas frases que no me atrevo a transcribir. Si acaso, citaré únicamente un párrafo. Lo traduciré lo mejor que pueda de ese desgarbado latín vulgar en que está escrito:   So I read again that hideous chapter, and shuddered doubly because it was indeed not new to me. I had seen it before, let footprints tell what they might; and where it was I had seen it were best forgotten. There was no one—in waking hours—who could remind me of it; but my dreams are filled with terror, because of phrases I dare not quote. I dare quote only one paragraph, put into such English as I can make from the awkward Low Latin.
«Las cavernas inferiores -escribió el loco Alhazred- son insondables para los ojos que ven, porque sus prodigios son extraños y terribles. Maldita la tierra donde los pensamientos muertos viven reencarnados en una existencia nueva y singular, y maldita el alma que no habita ningún cerebro. Sabiamente dijo Ibn Shacabad: bendita la tumba donde ningún hechicero ha sido enterrado y felices las noches de los pueblos donde han acabado con ellos y los han reducido a cenizas. Pues de antiguo se dice que el espíritu que se ha vendido al demonio no se apresura a abandonar la envoltura de la carne, sino que ceba e instruye al mismo gusano que roe, hasta que de la corrupción brota una vida espantosa, y las criaturas que se alimentan de la carroña de la tierra aumentan solapadamente para hostigarla, y se hacen monstruosas para infestarla. Excavadas son, secretamente, inmensas galerías donde debían bastar los poros de la tierra, y han aprendido a caminar unas criaturas que sólo deberían arrastrarse.»   “The nethermost caverns,” wrote the mad Arab, “are not for the fathoming of eyes that see; for their marvels are strange and terrific. Cursed the ground where dead thoughts live new and oddly bodied, and evil the mind that is held by no head. Wisely did Ibn Schacabao say, that happy is the tomb where no wizard hath lain, and happy the town at night whose wizards are all ashes. For it is of old rumour that the soul of the devil-bought hastes not from his charnel clay, but fats and instructs the very worm that gnaws; till out of corruption horrid life springs, and the dull scavengers of earth wax crafty to vex it and swell monstrous to plague it. Great holes secretly are digged where earth’s pores ought to suffice, and things have learnt to walk that ought to crawl.”
     
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H.P.LOVECRAFT
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