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James Joyce en AlbaLearning

JAMES JOYCE

"Un encuentro - An encounter "

DUBLINESES

Biografía de James Joyce en Wikipedia 

JAMES JOYCE
UN ENCUENTRO ESPAÑOLAUDIO 
AN ENCOUNTEREnglish text 
 
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UN ENCUENTRO
AN ENCOUNTER
Fue Joe Dillon quien nos dio a conocer el Lejano Oeste. Tenía su pequeña colección de números atrasados de The Union Jack, Pluck y The Halfpenny Marvel. Todas las tardes, después de la escuela, nos reuníamos en el jardín trasero de su casa y jugábamos a los indios. Él y su hermano menor, el gordo Leo, que era un ocioso, defendían los dos el altillo del establo mientras nosotros tratábamos de tomarlo por asalto; o librábamos una batalla campal sobre el césped. Pero, no importaba lo bien que peleáramos, nunca ganábamos ni el sitio ni la batalla y todo acababa como siempre, con Joe Dillon celebrando su victoria con una danza de guerra. Todas las mañanas sus padres iban a la misa de ocho en la iglesia de la Calle Gardiner y el aura apacible de la señora Dillon dominaba el recibidor de la casa. Pero él jugaba a lo salvaje comparado con nosotros, más pequeños y más tímidos. Parecía un indio de verdad cuando salía de correrías por el jardín, una funda de tetera en la cabeza y golpeando con el puño una lata, gritando: IT WAS Joe Dillon who introduced the Wild West to us. He had a little library made up of old numbers of The Union Jack, Pluck and The Halfpenny Marvel. Every evening after school we met in his back garden and arranged Indian battles. He and his fat young brother Leo, the idler, held the loft of the stable while we tried to carry it by storm; or we fought a pitched battle on the grass. But, however well we fought, we never won siege or battle and all our bouts ended with Joe Dillon's war dance of victory. His parents went to eight-o'clock mass every morning in Gardiner Street and the peaceful odour of Mrs. Dillon was prevalent in the hall of the house. But he played too fiercely for us who were younger and more timid. He looked like some kind of an Indian when he capered round the garden, an old tea-cosy on his head, beating a tin with his fist and yelling:
-¡Ya, yaka, yaka, yaka! "Ya! yaka, yaka, yaka!"
Nadie quiso creerlo cuando dijeron que tenía vocación para el sacerdocio. Era verdad, sin embargo.

Everyone was incredulous when it was reported that he had a vocation for the priesthood. Nevertheless it was true.

El espíritu del desafuero se esparció entre nosotros y, bajo su influjo, se echaron a un lado todas las diferencias de cultura y de constitución física. Nos agrupamos, unos descaradamente, otros en broma y algunos casi con miedo: y en el grupo de estos últimos, los indios de mala gana que tenían miedo de parecer aplicados o alfeñiques, estaba yo. Las aventuras relatadas en las novelitas del Oeste eran de por sí remotas, pero, por lo menos, abrían puertas de escape. A mí me gustaban más esos cuentos de detectives norteamericanos en que de vez en cuando pasan muchachas toscas, salvajes y bellas. Aunque no había nada malo en esas novelitas y sus intenciones muchas veces eran literarias, en la escuela circulaban en secreto. Un día cuando el padre Butler nos tomaba las cuatro páginas de Historia Romana, al chapucero de Leo Dillon lo cogieron con un número de The Halfpenny Marvel. A spirit of unruliness diffused itself among us and, under its influence, differences of culture and constitution were waived. We banded ourselves together, some boldly, some in jest and some almost in fear: and of the number of these latter, the reluctant Indians who were afraid to seem studious or lacking in robustness, I was one. The adventures related in the literature of the Wild West were remote from my nature but, at least, they opened doors of escape. I liked better some American detective stories which were traversed from time to time by unkempt fierce and beautiful girls. Though there was nothing wrong in these stories and though their intention was sometimes literary they were circulated secretly at school. One day when Father Butler was hearing the four pages of Roman History clumsy Leo Dillon was discovered with a copy of The Halfpenny Marvel
-¿Esta página o ésta? ¿Esta página? Pues vamos a ver, Dillon, adelante. Apenas el día hubo... ¡Siga! ¿Qué día? Apenas el día hubo levantado... ¿Estudió usted esto? ¿Qué es esa cosa que tiene en el bolsillo? "This page or this page? This page Now, Dillon, up! 'Hardly had the day'... Go on! What day? 'Hardly had the day dawned'... Have you studied it? What have you there in your pocket?"
Cuando Leo Dillon entregó la revista todos los corazones dieron un salto y pusimos cara de no romper un plato. El padre Butler la hojeó, ceñudo. Everyone's heart palpitated as Leo Dillon handed up the paper and everyone assumed an innocent face. Father Butler turned over the pages, frowning.
-¿Qué es esta basura? -dijo-. ¡El jefe apache! ¿Es esto lo que ustedes leen en vez de estudiar Historia Romana? No quiero encontrarme más esta condenada bazofia en esta escuela. El que la escribió supongo que debe de ser un condenado plumífero que escribe estas cosas para beber. Me sorprende que jóvenes como ustedes, educados, lean cosa semejante. Lo entendería si fueran ustedes alumnos de... escuela pública. Ahora, Dillon, se lo advierto seriamente, aplíquese o... "What is this rubbish?" he said. "The Apache Chief! Is this what you read instead of studying your Roman History? Let me not find any more of this wretched stuff in this college. The man who wrote it, I suppose, was some wretched fellow who writes these things for a drink. I'm surprised at boys like you, educated, reading such stuff. I could understand it if you were... National School boys. Now, Dillon, I advise you strongly, get at your work or..."

Tal reprimenda durante las sobrias horas de clase amenguó mucho la aureola del Oeste y la cara de Leo Dillon, confundida e hinchada, despertó en mí más de un escrúpulo. Pero en cuanto la influencia moderadora de la escuela quedaba atrás empezaba a sentir otra vez el hambre de sensaciones sin freno, del escape que solamente estas crónicas desaforadas parecían ser capaces de ofrecerme. La mimética guerrita vespertina se volvió finalmente tan aburrida para mí como la rutina de la escuela por la mañana, porque lo que yo deseaba era correr verdaderas aventuras. Pero las aventuras verdaderas, pensé, no le ocurren jamás a los que se quedan en casa: hay que salir a buscarlas en tierras lejanas.

This rebuke during the sober hours of school paled much of the glory of the Wild West for me and the confused puffy face of Leo Dillon awakened one of my consciences. But when the restraining influence of the school was at a distance I began to hunger again for wild sensations, for the escape which those chronicles of disorder alone seemed to offer me. The mimic warfare of the evening became at last as wearisome to me as the routine of school in the morning because I wanted real adventures to happen to myself. But real adventures, I reflected, do not happen to people who remain at home: they must be sought abroad.

Las vacaciones de verano estaban cerca, a la vuelta de la esquina, cuando decidí romper la rutina escolar aunque fuera por un día. Junto con Leo Dillon y un muchacho llamado Mahony planeamos un día furtivo. Ahorramos seis peniques cada uno. Nos íbamos a encontrar a las diez de la mañana en el puente del canal. La hermana mayor de Mahony le iba a escribir una disculpa y Leo Dillon le iba a decir a su hermano que dijese que su hermano estaba enfermo. Convinimos en ir por Wharf Road, que es la calle del muelle, hasta llegar a los barcos, luego cruzaríamos en la lanchita hasta el Palomar. Leo Dillon tenía miedo de que nos encontráramos con el padre Butler o con alguien del colegio; pero Mahony preguntó, con muy buen juicio, que qué iba a hacer el padre Butler en el Palomar. Tranquilizados, llevé a buen término la primera parte del complot haciendo una colecta de seis peniques por cabeza, no sin antes enseñarles a ellos a mi vez mis seis peniques. Cuando hacíamos los últimos preparativos la víspera, estábamos algo excitados. Nos dimos las manos, riendo, y Mahony dijo:

The summer holidays were near at hand when I made up my mind to break out of the weariness of school-life for one day at least. With Leo Dillon and a boy named Mahony I planned a day's miching. Each of us saved up sixpence. We were to meet at ten in the morning on the Canal Bridge. Mahony's big sister was to write an excuse for him and Leo Dillon was to tell his brother to say he was sick. We arranged to go along the Wharf Road until we came to the ships, then to cross in the ferryboat and walk out to see the Pigeon House. Leo Dillon was afraid we might meet Father Butler or someone out of the college; but Mahony asked, very sensibly, what would Father Butler be doing out at the Pigeon House. We were reassured: and I brought the first stage of the plot to an end by collecting sixpence from the other two, at the same time showing them my own sixpence. When we were making the last arrangements on the eve we were all vaguely excited. We shook hands, laughing, and Mahony said:

-Hasta mañana, socios.

"Till tomorrow, mates!"

Esa noche dormí mal. Por la mañana, fui el primero en llegar al puente, ya que yo vivía más cerca. Escondí mis libros entre la hierba crecida cerca del cenizal y al fondo del parque, donde nadie iba, y me apresuré malecón arriba. Era una tibia mañana de la primera semana de junio. Me senté en la albarda del puente a contemplar mis delicados zapatos de lona que diligentemente blanqueé la noche antes y a mirar los dóciles caballos que tiraban cuesta arriba de un tranvía lleno de empleados. Las ramas de los árboles que bordeaban la alameda estaban de lo más alegres con sus hojitas verde claro y el sol se escurría entre ellas hasta tocar el agua. El granito del puente comenzaba a calentarse y empecé a golpearlo con la mano al compás de una tonada que tenía en la mente. Me sentí de lo más bien.

That night I slept badly. In the morning I was first-comer to the bridge as I lived nearest. I hid my books in the long grass near the ashpit at the end of the garden where nobody ever came and hurried along the canal bank. It was a mild sunny morning in the first week of June. I sat up on the coping of the bridge admiring my frail canvas shoes which I had diligently pipeclayed overnight and watching the docile horses pulling a tramload of business people up the hill. All the branches of the tall trees which lined the mall were gay with little light green leaves and the sunlight slanted through them on to the water. The granite stone of the bridge was beginning to be warm and I began to pat it with my hands in time to an air in my head. I was very happy.

Llevaba sentado allí cinco o diez minutos cuando vi el traje gris de Mahony que se acercaba. Subía la cuesta, sonriendo, y trepó hasta ponerse a mi lado en el puente. Mientras esperábamos sacó el tiraflechas que le hacía bulto en un bolsillo interior y me explicó las mejoras que le había hecho. Le pregunté por qué lo había traído y me explicó que era para darles a los pájaros donde les duele. Mahony sabía hablar jerigonza y a menudo se refería al padre Butler como el Mechero de Bunsen. Esperamos un cuarto de hora o más, pero así y todo Leo Dillon no dio señales. Finalmente, Mahony se bajó de un brinco, diciendo:

When I had been sitting there for five or ten minutes I saw Mahony's grey suit approaching. He came up the hill, smiling, and clambered up beside me on the bridge. While we were waiting he brought out the catapult which bulged from his inner pocket and explained some improvements which he had made in it. I asked him why he had brought it and he told me he had brought it to have some gas with the birds. Mahony used slang freely, and spoke of Father Butler as Old Bunser. We waited on for a quarter of an hour more but still there was no sign of Leo Dillon. Mahony, at last, jumped down and said:

-Vámonos. Ya sabía yo que ese manteca era un fulastre.

"Come along. I knew Fatty'd funk it."

-¿Y sus seis peniques...? -dije.

"And his sixpence...?" I said.

-Perdió prenda -dijo Mahony-. Y mejor para nosotros: en vez de seis, tenemos nueve peniques cada uno. "That's forfeit," said Mahony. "And so much the better for us—a bob and a tanner instead of a bob."

Caminamos por el North Strand Road hasta que llegamos a la planta de ácido muriático y allí doblamos a la derecha para coger por los muelles. Tan pronto como nos alejamos de la gente, Mahony comenzó a jugar a los indios. Persiguió a un grupo de niñas andrajosas, apuntándoles con su tiraflechas, y cuando dos andrajosos empezaron, de galantes, a tiramos piedras, Mahony propuso que les cayéramos arriba. Me opuse diciéndole que eran muy chiquitos para nosotros y seguimos nuestro camino, con toda la bandada de andrajosos dándonos gritos de Cuá, cuá, ¡cuáqueros!, creyéndonos protestantes, porque Mahony, que era de tez oscura, llevaba la insignia de un equipo de críquet en su gorra. Cuando llegamos a La Plancha planeamos ponerle sitio; pero fue todo un fracaso, porque hacen falta por lo menos tres para un sitio. Nos vengamos de Leo Dillon declarándolo un fulastre y tratando de adivinar los azotes que le iba a dar la señora Ryan a las tres.

We walked along the North Strand Road till we came to the Vitriol Works and then turned to the right along the Wharf Road. Mahony began to play the Indian as soon as we were out of public sight. He chased a crowd of ragged girls, brandishing his unloaded catapult and, when two ragged boys began, out of chivalry, to fling stones at us, he proposed that we should charge them. I objected that the boys were too small and so we walked on, the ragged troop screaming after us: "Swaddlers! Swaddlers!" thinking that we were Protestants because Mahony, who was dark-complexioned, wore the silver badge of a cricket club in his cap. When we came to the Smoothing Iron we arranged a siege; but it was a failure because you must have at least three. We revenged ourselves on Leo Dillon by saying what a funk he was and guessing how many he would get at three o'clock from Mr. Ryan.

Luego llegamos al río. Nos demoramos bastante por unas calles de mucho movimiento entre altos muros de mampostería, viendo funcionar las grúas y las maquinarias y más de una vez los carretoneros nos dieron gritos desde sus carretas crujientes para activarnos. Era mediodía cuando llegamos a los muelles y, como los estibadores parecían estar almorzando, nos compramos dos grandes panes de pasas y nos sentamos a comerlos en unas tuberías de metal junto al río. Nos dimos gusto contemplando el tráfico del puerto -las barcazas anunciadas desde lejos por sus bucles de humo, la flota pesquera, parda, al otro lado de Ringsend, los enormes veleros blancos que descargaban en el muelle de la orilla opuesta. Mahony habló de la buena aventura que sería enrolarse en uno de esos grandes barcos, y hasta yo, mirando sus mástiles, vi, o imaginé, cómo la escasa geografía que nos metían por la cabeza en la escuela cobraba cuerpo gradualmente ante mis ojos. Casa y colegio daban la impresión de alejarse de nosotros y su influencia parecía que se esfumaba.

We came then near the river. We spent a long time walking about the noisy streets flanked by high stone walls, watching the working of cranes and engines and often being shouted at for our immobility by the drivers of groaning carts. It was noon when we reached the quays and, as all the labourers seemed to be eating their lunches, we bought two big currant buns and sat down to eat them on some metal piping beside the river. We pleased ourselves with the spectacle of Dublin's commerce—the barges signalled from far away by their curls of woolly smoke, the brown fishing fleet beyond Ringsend, the big white sailing-vessel which was being discharged on the opposite quay. Mahony said it would be right skit to run away to sea on one of those big ships and even I, looking at the high masts, saw, or imagined, the geography which had been scantily dosed to me at school gradually taking substance under my eyes. School and home seemed to recede from us and their influences upon us seemed to wane.

Cruzamos el Liffey en la lanchita, pagando por que nos pasaran en compañía de dos obreros y de un judío menudo que cargaba con una maleta. Estábamos todos tan serios que resultábamos casi solemnes, pero en una ocasión durante el corto viaje nuestros ojos se cruzaron y nos reímos. Cuando desembarcamos vimos la descarga de la linda goleta de tres palos que habíamos contemplado desde el muelle de enfrente. Algunos espectadores dijeron que era un velero noruego. Caminé hasta la proa y traté de descifrar la leyenda inscrita en ella pero, al no poder hacerlo, regresé a examinar a los marinos extranjeros para ver si alguno tenía los ojos verdes, ya que tenía confundidas mis ideas... Los ojos de los marineros eran azules, grises y hasta negros. El único marinero cuyos ojos podían llamarse con toda propiedad verdes era uno grande, que divertía al público en el muelle gritando alegremente cada vez que caían las albardas:

We crossed the Liffey in the ferryboat, paying our toll to be transported in the company of two labourers and a little Jew with a bag. We were serious to the point of solemnity, but once during the short voyage our eyes met and we laughed. When we landed we watched the discharging of the graceful threemaster which we had observed from the other quay. Some bystander said that she was a Norwegian vessel. I went to the stern and tried to decipher the legend upon it but, failing to do so, I came back and examined the foreign sailors to see had any of them green eyes for I had some confused notion.... The sailors' eyes were blue and grey and even black. The only sailor whose eyes could have been called green was a tall man who amused the crowd on the quay by calling out cheerfully every time the planks fell:

-¡Muy bueno! ¡Muy bueno!

"All right! All right!"

Cuando nos cansamos de mirar nos fuimos lentamente hasta Ringsend. El día se había hecho sofocante y en las ventanas de las tiendas unas galletas mohosas se desteñían al sol. Compramos galletas y chocolate, que comimos muy despacio mientras vagábamos por las mugrientas calles en que vivían las familias de los pescadores. No encontramos ninguna lechería, así que nos llegamos a un vendedor ambulante y compramos una botella de limonada de frambuesa para cada uno. Ya refrescado, Mahony persiguió un gato por un callejón, pero se le escapó hacia un terreno abierto. Estábamos bastante cansados los dos y cuando llegamos al campo nos dirigimos enseguida hacia una cuesta empinada desde cuyo tope pudimos ver el Dodder.

When we were tired of this sight we wandered slowly into Ringsend. The day had grown sultry, and in the windows of the grocers' shops musty biscuits lay bleaching. We bought some biscuits and chocolate which we ate sedulously as we wandered through the squalid streets where the families of the fishermen live. We could find no dairy and so we went into a huckster's shop and bought a bottle of raspberry lemonade each. Refreshed by this, Mahony chased a cat down a lane, but the cat escaped into a wide field. We both felt rather tired and when we reached the field we made at once for a sloping bank over the ridge of which we could see the Dodder.

Se había hecho demasiado tarde y estábamos muy cansados para llevar a cabo nuestro proyecto de visitar el Palomar. Teníamos que estar de vuelta antes de las cuatro o nuestra aventura se descubriría. Mahony miró su tiraflechas, compungido, y tuve que sugerir regresar en el tren para que recobrara su alegría. El sol se ocultó tras las nubes y nos dejó con los anhelos mustios y las migajas de las provisiones.

It was too late and we were too tired to carry out our project of visiting the Pigeon House. We had to be home before four o'clock lest our adventure should be discovered. Mahony looked regretfully at his catapult and I had to suggest going home by train before he regained any cheerfulness. The sun went in behind some clouds and left us to our jaded thoughts and the crumbs of our provisions.

Estábamos solos en el campo. Después de estar echados en la falda de la loma un rato sin hablar, vi un hombre que se acercaba por el lado lejano del terreno. Lo observé desganado mientras mascaba una de esas cañas verdes que las muchachas cogen para adivinar la suerte. Subía la loma lentamente. Caminaba con una mano en la cadera y con la otra agarraba un bastón con el que golpeaba la hierba con suavidad.
Se veía miserable en su traje verdinegro y llevaba un sombrero de copa alta. Debía de ser viejo, porque su bigote era cenizo. Cuando pasó junto a nuestros pies nos echó una mirada rápida y siguió su camino. Lo seguimos con la vista y vimos que no había caminado cincuenta pasos cuando se dio la  vuelta y volvió sobre sus pasos. Caminaba hacia nosotros muy despacio, golpeando siempre el suelo con su bastón, y lo hacía con tanta lentitud que pensé que buscaba algo en la hierba.

There was nobody but ourselves in the field. When we had lain on the bank for some time without speaking I saw a man approaching from the far end of the field. I watched him lazily as I chewed one of those green stems on which girls tell fortunes. He came along by the bank slowly. He walked with one hand upon his hip and in the other hand he held a stick with which he tapped the turf lightly.
He was shabbily dressed in a suit of greenish-black and wore what we used to call a jerry hat with a high crown. He seemed to be fairly old for his moustache was ashen-grey. When he passed at our feet he glanced up at us quickly and then continued his way. We followed him with our eyes and saw that when he had gone on for perhaps fifty paces he turned about and began to retrace his steps. He walked towards us very slowly, always tapping the ground with his stick, so slowly that I thought he was looking for something in the grass.

Se detuvo cuando llegó a nuestro nivel y nos dio los buenos días. Correspondimos y se sentó junto a nosotros en la cuesta, lentamente y con mucho cuidado. Empezó hablando del tiempo, diciendo que iba a hacer un verano caluroso, pero añadió que las estaciones habían cambiado mucho desde su niñez -hace mucho tiempo. Habló de que la época más feliz es, indudablemente, la de los días escolares y dijo que daría cualquier cosa por ser joven otra vez. Mientras expresaba semejantes ideas, bastante aburridas, nos quedamos callados. Luego empezó a hablar de la escuela y de libros. Nos preguntó si habíamos leídos los versos de Tomás Moro o las obras de Walter Scott y de Lytton. Yo aparenté haber leído todos esos libros de los que él hablaba, por lo que finalmente me dijo:

He stopped when he came level with us and bade us good-day. We answered him and he sat down beside us on the slope slowly and with great care. He began to talk of the weather, saying that it would be a very hot summer and adding that the seasons had changed greatly since he was a boy—a long time ago. He said that the happiest time of one's life was undoubtedly one's school-boy days and that he would give anything to be young again. While he expressed these sentiments which bored us a little we kept silent. Then he began to talk of school and of books. He asked us whether we had read the poetry of Thomas Moore or the works of Sir Walter Scott and Lord Lytton. I pretended that I had read every book he mentioned so that in the end he said:

-Ajá, ya veo que eres ratón de biblioteca, como yo. Ahora -añadió, apuntando para Mahony, que nos miraba con los ojos abiertos-, que éste se ve que es diferente: lo que le gusta es jugar.

"Ah, I can see you are a bookworm like myself. Now," he added, pointing to Mahony who was regarding us with open eyes, "he is different; he goes in for games."

Dijo que tenía todos los libros de Walter Scott y de Lytton en su casa y nunca se aburría de leerlos. -Por supuesto -dijo-, que hay algunas obras de Lytton que un menor no puede leer.Mahony le preguntó que por qué no las podían leer, pregunta que me sobresaltó y abochornó porque temí que el hombre iba a creer que yo era tan tonto como Mahony. El hombre, sin embargo, se sonrió. Vi que tenía en su boca grandes huecos entre los dientes amarillos. Entonces nos preguntó que quién de los dos tenía más novias. Mahony dijo a la ligera que tenía tres chiquitas. El hombre me preguntó cuántas tenía yo. Le respondí que ninguna. No quiso creerme y me dijo que estaba seguro que debía de tener por lo menos una. Me quedé callado.

He said he had all Sir Walter Scott's works and all Lord Lytton's works at home and never tired of reading them. "Of course," he said, "there were some of Lord Lytton's works which boys couldn't read." Mahony asked why couldn't boys read them—a question which agitated and pained me because I was afraid the man would think I was as stupid as Mahony. The man, however, only smiled. I saw that he had great gaps in his mouth between his yellow teeth. Then he asked us which of us had the most sweethearts. Mahony mentioned lightly that he had three totties. The man asked me how many had I. I answered that I had none. He did not believe me and said he was sure I must have one. I was silent.

-Dígame -dijo Mahoney, descaradamente, al hombre- ¿y cuántas tiene usted?

"Tell us," said Mahony pertly to the man, "how many have you yourself?"

El hombre sonrió como antes y dijo que cuando él era de nuestra edad tenía novias a montones.

The man smiled as before and said that when he was our age he had lots of sweethearts.

-Todos los muchachos -dijo- tienen noviecitas.

"Every boy," he said, "has a little sweetheart."

Su actitud sobre este particular me pareció extrañamente liberal para una persona mayor. Para mí que lo que decía de los muchachos y de las novias era razonable. Pero me disgustó oírlo de sus labios y me pregunté por qué le darían tembleques una o dos veces, como si temiera algo o como si de pronto tuviera escalofrío. Mientras hablaba me di cuenta de que tenía un buen acento. Empezó a hablarnos de las muchachas, de lo suave que tenían el pelo y las manos y de cómo no todas eran tan buenas como parecían si uno no sabía a qué atenerse. Nada le gustaba tanto, dijo, como mirar a una muchacha bonita, con sus suaves manos blancas y su lindo pelo sedoso. Me dio la impresión de que estaba repitiendo algo que se había aprendido de memoria o de que, atraída por las palabras que decía, su mente daba vueltas una y otra vez en una misma órbita. A veces hablaba como si hiciera alusión a hechos que todos conocían, otras bajaba la voz y hablaba misteriosamente, como si nos estuviera contando un secreto que no quería que nadie más oyera. Repetía sus frases una y otra vez, variándolas y dándoles vueltas con su voz monótona. Seguí mirando hacia abajo de la pendiente mientras lo escuchaba.

His attitude on this point struck me as strangely liberal in a man of his age. In my heart I thought that what he said about boys and sweethearts was reasonable. But I disliked the words in his mouth and I wondered why he shivered once or twice as if he feared something or felt a sudden chill. As he proceeded I noticed that his accent was good. He began to speak to us about girls, saying what nice soft hair they had and how soft their hands were and how all girls were not so good as they seemed to be if one only knew. There was nothing he liked, he said, so much as looking at a nice young girl, at her nice white hands and her beautiful soft hair. He gave me the impression that he was repeating something which he had learned by heart or that, magnetised by some words of his own speech, his mind was slowly circling round and round in the same orbit. At times he spoke as if he were simply alluding to some fact that everybody knew, and at times he lowered his voice and spoke mysteriously as if he were telling us something secret which he did not wish others to overhear. He repeated his phrases over and over again, varying them and surrounding them with his monotonous voice. I continued to gaze towards the foot of the slope, listening to him.

Después de un largo rato hizo una pausa en su monólogo. Se puso en pie lentamente, diciendo que tenía que dejarnos por uno o dos minutos más o menos, y, sin cambiar yo la dirección de mi mirada, lo vi alejarse lentamente camino del extremo más próximo del terreno. Nos quedamos callados cuando se fue. Después de unos minutos de silencio oí a Mahony exclamar:

After a long while his monologue paused. He stood up slowly, saying that he had to leave us for a minute or so, a few minutes, and, without changing the direction of my gaze, I saw him walking slowly away from us towards the near end of the field. We remained silent when he had gone. After a silence of a few minutes I heard Mahony exclaim:

-¡Mira  lo que hace!

"I say! Look what he's doing!"

Como ni miré ni levanté la vista, Mahony exclamó de nuevo:

As I neither answered nor raised my eyes Mahony exclaimed again:

-¡Pero mira eso!... ¡Qué viejo más estrambótico!

"I say... He's a queer old josser!"

-En caso de que nos pregunte el nombre -dije-, tú te llamas Murphy y yo me llamo Smith.

"In case he asks us for our names," I said, "let you be Murphy and I'll be Smith."

No dijimos más. Estaba aún considerando si irme o quedarme cuando el hombre regresó y otra vez se sentó al lado nuestro. Apenas se había sentado cuando Mahony, viendo de nuevo el gato que se le había escapado antes, se levantó de un salto y lo persiguió  por el campo. El hombre y yo presenciamos la cacería. El gato se escapó de nuevo y Mahony empezó a tirarle piedras a la cerca por la que subió. Desistiendo, empezó a vagar por el fondo del terreno, errático.

We said nothing further to each other. I was still considering whether I would go away or not when the man came back and sat down beside us again. Hardly had he sat down when Mahony, catching sight of the cat which had escaped him, sprang up and pursued her across the field. The man and I watched the chase. The cat escaped once more and Mahony began to throw stones at the wall she had escaladed. Desisting from this, he began to wander about the far end of the field, aimlessly.

Después de un intervalo el hombre me habló. Me dijo que mi amigo era un travieso y me preguntó si le daban azotes con frecuencia en la escuela. Estuve a punto de decirle que no éramos alumnos de la escuela pública para que nos dieran azotes, como decía él; pero me quedé callado. Empezó a hablar sobre la manera de castigar a los muchachos. Su mente, como imantada de nuevo por lo que decía, pareció dar vueltas y más vueltas lentas alrededor de su nuevo eje. Dijo que cuando los muchachos eran así había que darles azotes y darles duro. Cuando un muchacho salía travieso y malo no había nada que le hiciera tanto bien como una buena paliza. Un manotazo o un tirón de orejas no bastaba: lo que estaba pidiendo era una buena paliza en caliente. Me sorprendió su ánimo, por lo que involuntariamente eché un vistazo a su cara. Al hacerlo, encontré su mirada: un par de ojos color verde botella que me miraban debajo de una frente fruncida. De nuevo desvié la vista.

After an interval the man spoke to me. He said that my friend was a very rough boy and asked did he get whipped often at school. I was going to reply indignantly that we were not National School boys to be whipped, as he called it; but I remained silent. He began to speak on the subject of chastising boys. His mind, as if magnetised again by his speech, seemed to circle slowly round and round its new centre. He said that when boys were that kind they ought to be whipped and well whipped. When a boy was rough and unruly there was nothing would do him any good but a good sound whipping. A slap on the hand or a box on the ear was no good: what he wanted was to get a nice warm whipping. I was surprised at this sentiment and involuntarily glanced up at his face. As I did so I met the gaze of a pair of bottle-green eyes peering at me from under a twitching forehead. I turned my eyes away again.

El hombre siguió con su monólogo. Parecía haber olvidado su liberalismo de hace poco. Dijo que si él encontraba a un muchacho hablando con una muchacha o teniendo novia lo azotaría y lo azotaría: y que eso le enseñaría a no andar hablando con muchachas. Y si un muchacho tenía novia y decía mentiras, le daba una paliza como nunca le habían dado a nadie en este mundo. Dijo que no había nada en el mundo que le agradara más. Me describió cómo le daría una paliza a semejante mocoso como si estuviera revelando un misterio barroco. Esto le gustaba a él, dijo, más que nada en el mundo; y su voz, mientras me guiaba monótona a través del misterio, se hizo afectuosa, como si me rogara que lo comprendiera.

The man continued his monologue. He seemed to have forgotten his recent liberalism. He said that if ever he found a boy talking to girls or having a girl for a sweetheart he would whip him and whip him; and that would teach him not to be talking to girls. And if a boy had a girl for a sweetheart and told lies about it then he would give him such a whipping as no boy ever got in this world. He said that there was nothing in this world he would like so well as that. He described to me how he would whip such a boy as if he were unfolding some elaborate mystery. He would love that, he said, better than anything in this world; and his voice, as he led me monotonously through the mystery, grew almost affectionate and seemed to plead with me that I should understand him.

Esperé a que hiciera otra pausa en su monólogo. Entonces me puse en pie de repente. Por miedo a traicionar mi agitación me demoré un momento, aparentando que me arreglaba un zapato y luego, diciendo que me tenía que ir, le di los buenos días. Subí la cuesta en calma pero mi corazón latía rápido del miedo a que me agarrara por un tobillo. Cuando llegué a la cima me volví y, sin mirarlo, grité campo a través:

I waited till his monologue paused again. Then I stood up abruptly. Lest I should betray my agitation I delayed a few moments pretending to fix my shoe properly and then, saying that I was obliged to go, I bade him good-day. I went up the slope calmly but my heart was beating quickly with fear that he would seize me by the ankles. When I reached the top of the slope I turned round and, without looking at him, called loudly across the field:
-¡Murphy!

"Murphy!"

Había un forzado dejo de bravuconería en mi voz y me abochorné de treta tan burda. Tuve que gritar de nuevo antes de que Mahony me viera y respondiera con otro grito. ¡Cómo latió mi corazón mientras él corría hacia mí campo a través! Corría como si viniera en mi ayuda. Y me sentí un penitente arrepentido: porque dentro de mí había sentido por él siempre un poco de desprecio.

My voice had an accent of forced bravery in it and I was ashamed of my paltry stratagem. I had to call the name again before Mahony saw me and hallooed in answer. How my heart beat as he came running across the field to me! He ran as if to bring me aid. And I was penitent; for in my heart I had always despised him a little.

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