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Gabriel García Márquez

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

"Un señor muy viejo con unas alas enormes - A very old man with enormous wings"

 

(Como señal de respeto y gratitud a Gabriel García Márquez)

Biografía de Gabriel García Márquez en Wikipedia 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
UN SEÑOR MUY VIEJO Libro y Audiolibro en Español
A VERY OLD MAN English Text
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UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS ALAS ENORMES
A VERY OLD MAN WITH ENORMOUS WINGS
Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.  

On the third day of rain they had killed so many crabs inside the house that Pelayo had to cross his drenched courtyard and throw them into the sea, because the newborn child had a temperature all night and they thought it was due to the stench. The world had been sad since Tuesday. Sea and sky were a single ash-gray thing and the sands of the beach, which on March nights glimmered like powdered light, had become a stew of mud and rotten shellfish. The light was so weak at noon that when Pelayo was coming back to the house after throwing away the crabs, it was hard for him to see what it was that was moving and groaning in the rear of the courtyard. He had to go very close to see that it was an old man, a very old man, lying face down in the mud, who, in spite of his tremendous efforts, couldn't get up, impeded by his enormous wings.

Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error.  

Frightened by that nightmare, Pelayo ran to get Elisenda, his wife, who was putting compresses on the sick child, and he took her to the rear of the courtyard. They both looked at the fallen body with a mute stupor. He was dressed like a rag picker. There were only a few faded hairs left on his bald skull and very few teeth in his mouth, and his pitiful condition of a drenched great-grandfather took away and sense of grandeur he might have had. His huge buzzard wings, dirty and half plucked were forever entangled in the mud. They looked at him so long and so closely that Pelayo and Elisenda very soon overcame their surprise and in the end found him familiar. Then they dared speak to him, and he answered in an incomprehensible dialect with a strong sailor's voice. That was how they skipped over the inconvenience of the wings and quite intelligently concluded that he was a lonely castaway from some foreign ship wrecked by the storm. And yet, they called in a neighbor woman who knew everything about life and death to see him, and all she needed was one look to show them their mistake.

— Es un ángel –les dijo—. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia.

 

"He's an angel," she told them. "He must have been coming for the child, but the poor fellow is so old that the rain knocked him down."

Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar. Pero cuando salieron al patio con las primeras luces, encontraron a todo el vecindario frente al gallinero, retozando con el ángel sin la menor devoción y echándole cosas de comer por los huecos de las alambradas, como si no fuera una criatura sobrenatural sino un animal de circo.  

On the following day everyone knew that a flesh-and-blood angel was held captive in Pelayo's house. Against the judgment of the wise neighbor woman, for whom angels in those times were the fugitive survivors of a spiritual conspiracy, they did not have the heart to club him to death. Pelayo watched over him all afternoon from the kitchen, armed with his bailiff's club, and before going to bed he dragged him out of the mud and locked him up with the hens in the wire chicken coop. In the middle of the night, when the rain stopped, Pelayo and Elisenda were still killing crabs. A short time afterward the child woke up without a fever and with a desire to eat. Then they felt magnanimous and decided to put the angel on a raft with fresh water and provisions for three days and leave him to his fate on the high seas. But when they went out into the courtyard with the first light of dawn, they found the whole neighborhood in front of the chicken coop having fun with the angel, without the slightest reverence, tossing him things to eat through the openings in the wire as if weren't a supernatural creature but a circus animal.

El padre Gonzaga llegó antes de las siete alarmado por la desproporción de la noticia. A esa hora ya habían acudido curiosos menos frívolos que los del amanecer, y habían hecho toda clase de conjeturas sobre el porvenir del cautivo. Los más simples pensaban que sería nombrado alcalde del mundo. Otros, de espíritu más áspero, suponían que sería ascendido a general de cinco estrellas para que ganara todas las guerras. Algunos visionarios esperaban que fuera conservado como semental para implantar en la tierra una estirpe de hombres alados y sabios que se hicieran cargo del Universo. Pero el padre Gonzaga, antes de ser cura, había sido leñador macizo. Asomado a las alambradas repasó un instante su catecismo, y todavía pidió que le abrieran la puerta para examinar de cerca de aquel varón de lástima que más parecía una enorme gallina decrépita entre las gallinas absortas. Estaba echado en un rincón, secándose al sol las alas extendidas, entre las cáscaras de fruta y las sobras de desayunos que le habían tirado los madrugadores. Ajeno a las impertinencias del mundo, apenas si levantó sus ojos de anticuario y murmuró algo en su dialecto cuando el padre Gonzaga entró en el gallinero y le dio los buenos días en latín. El párroco tuvo la primera sospecha de impostura al comprobar que no entendía la lengua de Dios ni sabía saludar a sus ministros. Luego observó que visto de cerca resultaba demasiado humano: tenía un insoportable olor de intemperie, el revés de las alas sembrado de algas parasitarias y las plumas mayores maltratadas por vientos terrestres, y nada de su naturaleza miserable estaba de acuerdo con la egregia dignidad de los ángeles. Entonces abandonó el gallinero, y con un breve sermón previno a los curiosos contra los riesgos de la ingenuidad. Les recordó que el demonio tenía la mala costumbre de recurrir a artificios de carnaval para confundir a los incautos. Argumentó que si las alas no eran el elemento esencial para determinar las diferencias entre un gavilán y un aeroplano, mucho menos podían serlo para reconocer a los ángeles. Sin embargo, prometió escribir una carta a su obispo, para que éste escribiera otra al Sumo Pontífice, de modo que el veredicto final viniera de los tribunales más altos.

 

Father Gonzaga arrived before seven o'clock, alarmed at the strange news. By that time onlookers less frivolous than those at dawn had already arrived and they were making all kinds of conjectures concerning the captive's future. The simplest among them thought that he should be named mayor of the world. Others of sterner mind felt that he should be promoted to the rank of five-star general in order to win all wars. Some visionaries hoped that he could be put to stud in order to implant the earth a race of winged wise men who could take charge of the universe. But Father Gonzaga, before becoming a priest, had been a robust woodcutter. Standing by the wire, he reviewed his catechism in an instant and asked them to open the door so that he could take a close look at that pitiful man who looked more like a huge decrepit hen among the fascinated chickens. He was lying in the corner drying his open wings in the sunlight among the fruit peels and breakfast leftovers that the early risers had thrown him. Alien to the impertinences of the world, he only lifted his antiquarian eyes and murmured something in his dialect when Father Gonzaga went into the chicken coop and said good morning to him in Latin. The parish priest had his first suspicion of an imposter when he saw that he did not understand the language of God or know how to greet His ministers. Then he noticed that seen close up he was much too human: he had an unbearable smell of the outdoors, the back side of his wings was strewn with parasites and his main feathers had been mistreated by terrestrial winds, and nothing about him measured up to the proud dignity of angels. The he came out of the chicken coop and in a brief sermon warned the curious against the risks of being ingenuous. He reminded them that the devil had the bad habit of making use of carnival tricks in order to confuse the unwary. He argued that if wings were not the essential element in determining the different between a hawk and an airplane, they were even less so in the recognition of angels. Nevertheless, he promised to write a letter to his bishop so that the latter would write his primate so that the latter would write to the Supreme Pontiff in order to get the final verdict from the highest courts.

Su prudencia cayó en corazones estériles. La noticia del ángel cautivo se divulgó con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas había en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al ángel.

 

His prudence fell on sterile hearts. The news of the captive angel spread with such rapidity that after a few hours the courtyard had the bustle of a marketplace and they had to call in troops with fixed bayonets to disperse the mob that was about to knock the house down. Elisenda, her spine all twisted from sweeping up so much marketplace trash, then got the idea of fencing in the yard and charging five cents admission to see the angel.

Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acróbata volador, que pasó zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de ángel sino de murciélago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos más desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde niña estaba contando los latidos de su corazón y ya no le alcanzaban los números, un jamaicano que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un sonámbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que había hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hacía temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todavía la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte.  

The curious came from far away. A traveling carnival arrived with a flying acrobat who buzzed over the crowd several times, but no one paid any attention to him because his wings were not those of an angel but, rather, those of a sidereal bat. The most unfortunate invalids on earth came in search of health: a poor woman who since childhood has been counting her heartbeats and had run out of numbers; a Portuguese man who couldn't sleep because the noise of the stars disturbed him; a sleepwalker who got up at night to undo the things he had done while awake; and many others with less serious ailments. In the midst of that shipwreck disorder that made the earth tremble, Pelayo and Elisenda were happy with fatigue, for in less than a week they had crammed their rooms with money and the line of pilgrims waiting their turn to enter still reached beyond the horizon.

El ángel era el único que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las lámparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabiduría de la vecina sabia, era el alimento específico de los ángeles. Pero él los despreciaba, como despreció sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por ángel o por viejo que terminó comiendo nada más que papillas de berenjena. Su única virtud sobrenatural parecía ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los parásitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los más piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La única vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inmóvil que lo creyeron muerto. Despertó sobresaltado, despotricando en lengua hermética y con los ojos en lágrimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de estiércol de gallinero y polvo lunar, y un ventarrón de pánico que no parecía de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacción no había sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayoría entendió que su pasividad no era la de un héroe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo.

 

The angel was the only one who took no part in his own act. He spent his time trying to get comfortable in his borrowed nest, befuddled by the hellish heat of the oil lamps and sacramental candles that had been placed along the wire. At first they tried to make him eat some mothballs, which, according to the wisdom of the wise neighbor woman, were the food prescribed for angels. But he turned them down, just as he turned down the papal lunches that the penitents brought him, and they never found out whether it was because he was an angel or because he was an old man that in the end ate nothing but eggplant mush. His only supernatural virtue seemed to be patience. Especially during the first days, when the hens pecked at him, searching for the stellar parasites that proliferated in his wings, and the cripples pulled out feathers to touch their defective parts with, and even the most merciful threw stones at him, trying to get him to rise so they could see him standing. The only time they succeeded in arousing him was when they burned his side with an iron for branding steers, for he had been motionless for so many hours that they thought he was dead. He awoke with a start, ranting in his hermetic language and with tears in his eyes, and he flapped his wings a couple of times, which brought on a whirlwind of chicken dung and lunar dust and a gale of panic that did not seem to be of this world. Although many thought that his reaction had not been one of rage but of pain, from then on they were careful not to annoy him, because the majority understood that his passivity was not that of a hero taking his ease but that of a cataclysm in repose.

El padre Gonzaga se enfrentó a la frivolidad de la muchedumbre con fórmulas de inspiración doméstica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma había perdido la noción de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto tenía ombligo, si su dialecto tenía algo que ver con el arameo, si podía caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no sería simplemente un noruego con alas. Aquellas cartas de parsimonia habrían ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto término a las tribulaciones del párroco.  

Father Gonzaga held back the crowd's frivolity with formulas of maidservant inspiration while awaiting the arrival of a final judgment on the nature of the captive. But the mail from Rome showed no sense of urgency. They spent their time finding out in the prisoner had a navel, if his dialect had any connection with Aramaic, how many times he could fit on the head of a pin, or whether he wasn't just a Norwegian with wings. Those meager letters might have come and gone until the end of time if a providential event had not put an end to the priest's tribulations.

Sucedió que por esos días, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espectáculo triste de la mujer que se había convertido en araña por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no sólo costaba menos que la entrada para ver al ángel, sino que permitían hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condición, y examinarla al derecho y al revés, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tarántula espantosa del tamaño de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo más desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicción con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una niña se había escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque después de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abrió el cielo en dos mitades, y por aquella grieta salió el relámpago de azufre que la convirtió en araña. Su único alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espectáculo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, tenía que derrotar sin proponérselo al de un ángel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Además los escasos milagros que se le atribuían al ángel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobró la visión pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paralítico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la lotería, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolación que más bien parecían entretenimientos de burla, habían quebrantado ya la reputación del ángel cuando la mujer convertida en araña terminó de aniquilarla. Fue así como el padre Gonzaga se curó para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvió a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovió tres días y los cangrejos caminaban por los dormitorios.  

It so happened that during those days, among so many other carnival attractions, there arrived in the town the traveling show of the woman who had been changed into a spider for having disobeyed her parents. The admission to see her was not only less than the admission to see the angel, but people were permitted to ask her all manner of questions about her absurd state and to examine her up and down so that no one would ever doubt the truth of her horror. She was a frightful tarantula the size of a ram and with the head of a sad maiden. What was most heartrending, however, was not her outlandish shape but the sincere affliction with which she recounted the details of her misfortune. While still practically a child she had sneaked out of her parents' house to go to a dance, and while she was coming back through the woods after having danced all night without permission, a fearful thunderclap rent the sky in tow and through the crack came the lightning bolt of brimstone that changed her into a spider. Her only nourishment came from the meatballs that charitable souls chose to toss into her mouth. A spectacle like that, full of so much human truth and with such a fearful lesson, was bound to defeat without even trying that of a haughty angel who scarcely deigned to look at mortals. Besides, the few miracles attributed to the angel showed a certain mental disorder, like the blind man who didn't recover his sight but grew three new teeth, or the paralytic who didn't get to walk but almost won the lottery, and the leper whose sores sprouted sunflowers. Those consolation miracles, which were more like mocking fun, had already ruined the angel's reputation when the woman who had been changed into a spider finally crushed him completely. That was how Father Gonzaga was cured forever of his insomnia and Pelayo's courtyard went back to being as empty as during the time it had rained for three days and crabs walked through the bedrooms.

Los dueños de la casa no tuvieron nada que lamentar. Con el dinero recaudado construyeron una mansión de dos plantas, con balcones y jardines, y con sardineles muy altos para que no se metieran los cangrejos del invierno, y con barras de hierro en las ventanas para que no se metieran los ángeles. Pelayo estableció además un criadero de conejos muy cerca del pueblo y renunció para siempre a su mal empleo de alguacil, y Elisenda se compró unas zapatillas satinadas de tacones altos y muchos vestidos de seda tornasol, de los que usaban las señoras más codiciadas en los domingos de aquellos tiempos. El gallinero fue lo único que no mereció atención. Si alguna vez lo lavaron con creolina y quemaron las lágrimas de mirra en su interior, no fue por hacerle honor al ángel, sino por conjurar la pestilencia de muladar que ya andaba como un fantasma por todas partes y estaba volviendo vieja la casa nueva. Al principio, cuando el niño aprendió a caminar, se cuidaron de que no estuviera cerca del gallinero. Pero luego se fueron olvidando del temor y acostumbrándose a la peste, y antes de que el niño mudara los dientes se había metido a jugar dentro del gallinero, cuyas alambradas podridas se caían a pedazos. El ángel no fue menos displicente con él que con el resto de los mortales, pero soportaba las infamias más ingeniosas con una mansedumbre de perro sin ilusiones. Ambos contrajeron la varicela al mismo tiempo. El médico que atendió al niño no resistió la tentación de auscultar al ángel, y encontró tantos soplos en el corazón y tantos ruidos en los riñones, que no le pareció posible que estuviera vivo. Lo que más le asombró, sin embargo, fue la lógica de sus alas. Resultaban tan naturales en aquel organismo completamente humano, que no podía entender por qué no las tenían también los otros hombres.  

The owners of the house had no reason to lament. With the money they saved they built a two-story mansion with balconies and gardens and high netting so that crabs wouldn't get in during the winter, and with iron bars on the windows so that angels wouldn't get in. Pelayo also set up a rabbit warren close to town and have up his job as a bailiff for good, and Elisenda bought some satin pumps with high heels and many dresses of iridescent silk, the kind worn on Sunday by the most desirable women in those times. The chicken coop was the only thing that didn't receive any attention. If they washed it down with creolin and burned tears of myrrh inside it every so often, it was not in homage to the angel but to drive away the dungheap stench that still hung everywhere like a ghost and was turning the new house into an old one. At first, when the child learned to walk, they were careful that he not get too close to the chicken coop. But then they began to lose their fears and got used to the smell, and before they child got his second teeth he'd gone inside the chicken coop to play, where the wires were falling apart. The angel was no less standoffish with him than with the other mortals, but he tolerated the most ingenious infamies with the patience of a dog who had no illusions. They both came down with the chicken pox at the same time. The doctor who took care of the child couldn't resist the temptation to listen to the angel's heart, and he found so much whistling in the heart and so many sounds in his kidneys that it seemed impossible for him to be alive. What surprised him most, however, was the logic of his wings. They seemed so natural on that completely human organism that he couldn't understand why other men didn't have them too.

Cuando el niño fue a la escuela, hacía mucho tiempo que el sol y la lluvia habían desbaratado el gallinero. El ángel andaba arrastrándose por acá y por allá como un moribundo sin dueño. Lo sacaban a escobazos de un dormitorio y un momento después lo encontraban en la cocina. Parecía estar en tantos lugares al mismo tiempo, que llegaron a pensar que se desdoblaba, que se repetía a sí mismo por toda la casa, y la exasperada Elisenda gritaba fuera de quicio que era una desgracia vivir en aquel infierno lleno de ángeles. Apenas si podía comer, sus ojos de anticuario se le habían vuelto tan turbios que andaba tropezando con los horcones, y ya no le quedaban sino las cánulas peladas de las últimas plumas. Pelayo le echó encima una manta y le hizo la caridad de dejarlo dormir en el cobertizo, y sólo entonces advirtieron que pasaba la noche con calenturas delirantes en trabalenguas de noruego viejo. Fue esa una de las pocas veces en que se alarmaron, porque pensaban que se iba a morir, y ni siquiera la vecina sabia había podido decirles qué se hacía con los ángeles muertos.  

When the child began school it had been some time since the sun and rain had caused the collapse of the chicken coop. The angel went dragging himself about here and there like a stray dying man. They would drive him out of the bedroom with a broom and a moment later find him in the kitchen. He seemed to be in so many places at the same time that they grew to think that he'd be duplicated, that he was reproducing himself all through the house, and the exasperated and unhinged Elisenda shouted that it was awful living in that hell full of angels. He could scarcely eat and his antiquarian eyes had also become so foggy that he went about bumping into posts. All he had left were the bare cannulae of his last feathers. Pelayo threw a blanket over him and extended him the charity of letting him sleep in the shed, and only then did they notice that he had a temperature at night, and was delirious with the tongue twisters of an old Norwegian. That was one of the few times they became alarmed, for they thought he was going to die and not even the wise neighbor woman had been able to tell them what to do with dead angels.

Sin embargo, no sólo sobrevivió a su peor invierno, sino que pareció mejor con los primeros soles. Se quedó inmóvil muchos días en el rincón más apartado del patio, donde nadie lo viera, y a principios de diciembre empezaron a nacerle en las alas unas plumas grandes y duras, plumas de pajarraco viejo, que más bien parecían un nuevo percance de la decrepitud. Pero él debía conocer la razón de estos cambios, porque se cuidaba muy bien de que nadie los notara, y de que nadie oyera las canciones de navegantes que a veces cantaba bajo las estrellas. Una mañana, Elisenda estaba cortando rebanadas de cebolla para el almuerzo, cuando un viento que parecía de alta mar se metió en la cocina. Entonces se asomó por la ventana, y sorprendió al ángel en las primeras tentativas del vuelo. Eran tan torpes, que abrió con las uñas un surco de arado en las hortalizas y estuvo a punto de desbaratar el cobertizo con aquellos aletazos indignos que resbalaban en la luz y no encontraban asidero en el aire. Pero logró ganar altura. Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar.  

And yet he not only survived his worst winter, but seemed improved with the first sunny days. He remained motionless for several days in the farthest corner of the courtyard, where no one would see him, and at the beginning of December some large, stiff feathers began to grow on his wings, the feathers of a scarecrow, which looked more like another misfortune of decrepitude. But he must have known the reason for those changes, for he was quite careful that no one should notice them, that no one should hear the sea chanteys that he sometimes sang under the stars. One morning Elisenda was cutting some bunches of onions for lunch when a wind that seemed to come from the high seas blew into the kitchen. Then she went to the window and caught the angel in his first attempts at flight. They were so clumsy that his fingernails opened a furrow in the vegetable patch and he was on the point of knocking the shed down with the ungainly flapping that slipped on the light and couldn't get a grip on the air. But he did manage to gain altitude. Elisenda let out a sigh of relief, for herself and for him, when she watched him pass over the last houses, holding himself up in some way with the risky flapping of a senile vulture. She kept watching him even when she was through cutting the onions and she kept on watching until it was no longer possible for her to see him, because then he was no longer an annoyance in her life but an imaginary dot on the horizon of the sea.

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
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